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El Real Jaén en su laberinto

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El Real Jaén ha ingresado en la fase más crítica de su temporada. Encadena tres partidos sin puntuar. El equipo ha dejado de ganar. Está claro que los blancos ya saben, que para salir de esta categoría hay que tener algo más, que un noble escudo con sitio en la historia del fútbol nacional. Si alguien lo ignoraba ya lo sabe.

A partir de ahora y, evaporadas las sensaciones de euforia, alguien tiene que empezar a maniobrar para que las cosas no se compliquen más. Salva Ballesta mantiene un discurso de motivación, unión y compromiso. Esa es la teoría y debe, cuanto antes, relacionar teoría y praxis. Así el vestuario mirará con confianza a su entrenador y se evitarán grietas en la fe.

Malas rachas las puede tener cualquier equipo y, hasta hoy, solo podemos hablar de una mala racha. A partir de ahora la reacción y el triunfo son el único antídoto para escapar de la ansiedad que produce la distancia de la cima y el vértigo de pensar lo cerca que puede estar la mitad de la tabla. Es decir, el fin del trayecto para esta temporada. A partir de hoy se debe construir un dique que separe al equipo de lo que deja de ser una mala racha para convertirse en un proyecto con más dudas que certezas.

Lo que le pasa al Real Jaén, seguramente, tendrá que ver con el fútbol  pero no estaría mal mirar en la cabeza, en el ánimo y en las sensaciones de los jugadores. Hay señales que pueden ser anécdotas o síntomas de algo más serio. Sea como fuere este toro es del entrenador y de los jugadores. A la afición ya no se le puede pedir más. Ha visto caer al equipo a Tercera. Ha asistido a la confección de dos plantillas en media temporada y ahora, cuando parecía, que el equipo estaba cerca de los objetivos naturales, todo para en seco. El aficionado no está ya para muchos dispendios en materia de promesas. Huele a cuerno quemado.

Nadie se va asustar en Jaén de que el equipo entre en deuda de resultados positivos. Las deudas forman parte del ecosistema en el que el Real Jaén vive, casi desde siempre. Solo hay algo que puede resultar más duro que la indignación, la queja o el reproche: la indiferencia.

El club, el equipo, el cuerpo técnico, deben buscar soluciones para todo pero, con urgencia, para evitar que se extienda la sensación de fatalidad. Hay demasiada carga negativa en el ambiente y cualquier detalle puede actualizar todo lo malo que se ha vivido. Ese sería el peor escenario.

Ojalá los encargados de revertir la situación tengan suerte, porque esa suerte será la de mucha gente que mira lo que está pasando, entre la esperanza, la desesperación, la perplejidad y la impotencia.