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Ejemplo de fútbol, ejemplo de vida

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El juego es una herramienta que socializa. Los niños salen de su casa y la primera sociedad que conocen fuera de la doméstica, es la que se le abre cuando empiezan a compartir juegos con otros niños. Ahí comienza la construcción del edificio interior que, a la larga, será fundamental para cada uno de ellos.

El equipo es una reproducción a escala de la sociedad. En un vestuario o sobre el terreno de juego se dan todos los comportamientos y conviven todas las personalidades que, en la calle, representa a la sociedad entera. La forma de desenvolverse en el micro mundo que representa un equipo será, casi con toda seguridad, la misma que la que el joven reproducirá en su vida ordinaria.

Por ese primer escalón se puede contribuir a la construcción de un mundo mejor y, con una mala gestión, se puede estar alimentando un desarrollo nocivo para la convivencia. Quienes conducen a los niños a esas edades tienen, además de capacidad de formarles deportivamente, la responsabilidad de trasladarles los valores necesarios para que en el día a día, sean palanca para impulsar el respeto y la armonía en las relaciones personales.

Esta reflexión tiene en la vida real algunos ejemplos que es bueno proyectar y que se conozcan. Hace unas jornadas dos equipos de prebenjamines se enfrentan en una jornada regular de su campeonato. DeporJaén y Moraleda hubieran cubierto el trámite de jugar su partido sin otras referencias finales que el resultado. Sin embargo se produjo un hecho que se convierte en paradigma de lo que debe ser la formación integral y la transmisión de valores a través del ejemplo.

Moraleda se presentó solo con cuatro jugadores. Imposible jugar el partido. Los entrenadores, ante la mirada expectante de sus chicos, establecen un compás de espera para atender la llegada de algún integrante más del Moraleda. Al no producirse, los técnicos, expresan su voluntad de jugar y Kike García, entrenador del DeporJaén decide ceder dos jugadores de su equipo. Sin necesidad de espera o elección por parte de García, dos niños de su equipo. Javier de la Casa y Francisco Redecilla “Isco”, se ofrecen voluntarios y juegan con el equipo rival.

 El hecho habla de la ilusión pero también de que se está haciendo un buen trabajo con los niños. Los dos voluntarios entendieron que el juego era lo importante, que el apoyo al rival no significaba renuncia a sus intereses habituales y que, sumando con el equipo contrario, estaban restando dramatismo al hecho de ganar o perder.

Luego, en el partido, nadie hubiera podido averiguar sin información previa, quienes era los dos invitados. Jugaron como si siempre hubieran defendido esa camiseta. Fueron leales con su nuevo equipo. Fueron leales con su equipo del que ahora eran rivales y con el fútbol que, bien entendido, debe ser una escuela para enseñar deporte pero, sobre todo, una herramienta para formar personas capaces de mirar con altura las pequeñas y las grandes cosas de la vida. Felicidades a los niños y enhorabuena a los técnicos