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Guardiola, sus devotos y la santísima trinidad

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Pep Guardiola está generando, supongo que sin mediar voluntad por su parte, una corriente de adhesiones inquebrantables que van desde la piel propia del forofo, a la peligrosa línea intelectual, que convierte a la persona en líder y luego en dios de una corriente que se sigue a ciegas y que jamás se puede poner en duda. Me suena fatal, pero me suena a eso.

Las críticas que llegaron tras su derrota en Liverpool fueron consecuencia de la importancia que Guardiola tiene en el mundo del fútbol. A mayor altura, más relevancia en todo. Si ganas eres encumbrado y si pierdes, criticado. Guardiola se ha ganado el no pasar desapercibido ni para lo bueno ni para lo malo. Es una realidad a la que se aspira o que se tiene que aceptar. Depende del protagonista.

La derrota de Liverpool se puede analizar de muchas maneras pero, lo cierto, es que solo tiene un resultado. Lo que explicó Pep tras el partido, esgrimido por otro cualquiera, hubiera sido razón de sobra para resolver la crónica con un severo correctivo. No se puede concluir en faena de aliño, una realidad tan cruda. Hubo muchos agujeros en una comparecencia no demasiado larga. Demasiados. Reducir a simple, lo complejo, es una forma de desvirtuar la realidad.

No voy a abundar, sin embargo, en los detalles porque considero al lector suficientemente informado a estas alturas. Ya no tiene much sentido hacer una crónica. Solo voy a usar lo que más me chocó del análisis de Guardiola: “El Liverpool estaba muy echado atrás, así era difícil”.

Es decir, que los equipos que juegan contra el City de Pep, deben colocarse de tal forma que la estrategia y el planteamiento de Guardiola puedan llegar a buen fin. El equipo rival, según este criterio, debe colaborar y si no es así, no vale. Se ha dicho muy poco sobre esto. No sé si es pueril o de una soberbia que despaga tanto del suelo, como para no ser reconocida ni por el autor.

Esta afirmación merece anáisis diferentes y que no tienen tanto que ver con el fútbol. No me interesa mucho. Trato, porque me alarma, de llamar la atención sobre la reverencia que mantienen muchos especialistas en relación con Pep y sus propuestas. He leído, he visto y he escuchado, en España, cómo se han producido algunos episodios de indignación indisimulada por llamar a las cosas por su nombre: “Trasteo del Liverpool al City de Guardiola. Severo correctivo. Fracaso de Pep“. No es un medio ni un periodista. Son voces de distinta raiz que vieron lo mismo. Pese a ello la felígresía, en cólera, arremetió contra los infieles. Muy español.

Fue brutal. La reacción de los defensores y devotos de Guardiola  me puso los bellos de punta. La crítica era normal. El equipo de Guardiola dispuso de medio tiempo para corregir el desastre y no supo. Fue una ejemplar demostración de impotencia culminada, para que nada falte, con críticas al árbitro por dos acciones milimétricas. No cabe mayor demostración, con casi cincuenta minutos para cambiarlo, de ausencia de recursos. Es fútbol, claro, pero choca esa defensa colérica.

Guardiola salió del Barça buscando reeditar sus triunfos. En Alemania ganó lo que se gana allí entrenado al Bayern, si no eres Jupp. La Champions, sin entrar en detalles, fue una pesadilla. No pudo. Salida sin alardes. Silencio y algunos pitos.

En Inglaterra ya ha alcanzado a Pellegrini pero va a necesitar un milagro para ganar la Champions. No se puede descartar, pero es complicado.Tendrá que seguir pidiendo inversiones pero eso, ya lo ha demostrado el PSG, no es suficiente. Seguimos atentos.

Con todo mi respeto y sin que se me considere irreverente por quienes han abrazado la religión de Pep, todavía no ha cumplido con los objetivos en su diáspora europea. Se le aguarda, eso sí. Mucho más, teniendo en cuenta que ha abrazado sin reservas la línea de financiación que viene del petróleo.

Guardiola es un buen entrenador, un teórico excelente al que, está claro, mata la praxis cuando no puede contar con lo fundamental. Lógico. Es más difícil sin ingenieros como Xavi o Iniesta. Es más complicado si no tiene pilares como Piqué, Alves o Puyol y es definitivo si no cuenta con esa simbiosis maravillosa, entre Leonardo y Miguel Ángel, que encarna Messi. Comprendo que así todo es más difícil. No es culpa suya. El fútbol lo dibujan los entrenadores pero lo ejecutan los futbolistas. No es tan complicado, por eso hay que ser cauto en la narración de los hechos.

Estoy seguro de que Guardiola lo entiende. Es un hombre de fútbol. Debe explicar a sus devotos que él es humano, demasiado humano y que, tras derrotas como la de Liverpool, no cabe criticar a la crítica, solo aplaudir al fútbol. El fútbol es el único y el verdadero dios que, con el balón y el gol, forman la santísima trinidad de esto. No hay más.