Inicio Opinión Antonio Oliver El fútbol, los tópicos y los sabios que nunca responden de nada

El fútbol, los tópicos y los sabios que nunca responden de nada

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España ha vuelto. Los jugadores ya están en casa. Ahora toca explicar lo que ha pasado. Había, unos días antes de empezar el Mundial, una sensación de confianza, de fe en lo que España podía hacer en Rusia. Se completó una excelente fase de grupos, aliñada de amistosos en los que los seleccionados pusieron de manifiesto una jerarquía contundente ante rivales de altura.

La competición llegaba en un buen momento y todos estábamos convencidos de que se iba a hacer un gran papel. Lopetegui publicó una lista que, con salvedades inevitables, contentaba los gustos futbolísticos de casi todos.

El descarrilamiento comenzó cuando Lopetegui  anunció que sería entrenador del Real Madrid, una vez finalizado el Mundial. Luis Rubiales, después de hacerse un lío en el relato de hechos y tiempos, cesó al Seleccionador. No sirvieron de nada los ruegos de los jugadores ni las opiniones de Fernando Hierro. Rubiales, tras autorizar una nota del departamento de comunicación de la RFEF en la que se felicitaba a Lopetegui, acabó por negar el conocimiento del hecho y esgrimió justificaciones relacionadas con los “valores” para justificar su decisión. Volver sobre los detalles de ese desatino ya no tiene sentido. Fue eso, sin embargo, lo que obligó a la Selección a tener que ajustarse a la eventualidad de ver a otro director en su banquillo. Hierro, en un acto de responsabilidad, se quedó con el cargo y con el marrón.

El mantra general fue: “Es hora de pasar página”. Sin embargo las cosas, por más que se repitan, no se convierten en verdaderas, sobre todo, si son falsas. Los jugadores sufrieron el desaire de Rubiales, la pérdida de su entrenador y la turbación de un estado de cosas absolutamente irregular antes de comenzar un Mundial.

Hierro reconstruyó el grupo de trabajo, cubrió las bajas del equipo que salió con Lopetegui  y reclamó la presencia de Carlos Marchena. A partir de ese momento se sucedieron las reuniones, las charlas con los jefes del vestuario. Se apeló al orgullo, a la última cita de muchos. Los protagonistas cerraron el vestuario a las malas influencias y, pese a que el espíritu de Julen, estaba en el vestuario, su hueco se notó.

Comenzó el Mundial y el nuevo Seleccionador, que tenía el compromiso de los jugadores asegurado, contra lo que no pudo pelear fue contra la premura con la que se hizo cargo del puesto. Hierro no ha visto los mil partidos de los rivales, no ha hecho los mil entrenamientos con este grupo y, sin embargo, era el responsable de realizar movimientos automáticos en partidos que Lopetegui casi se sabía de memoria, con todas sus posibles variantes. El problema es que, desde fuera, solemos reducir el fútbol a algo simple que cualquiera haría, incluso, mejor que el propio entrenador. Desde la grada o desde la tele todos teníamos las soluciones que Hierro no veía. El fútbol, los tópicos y los sabios que nunca responde ante nadie.

Ni se ha sido justo con Lopetegui, ni se ha hecho justicia con Fernando Hierro ni se ha valorado la gravedad y la influencia que ha tenido en todo lo demás, el cese de un entrenador que llevó, invicto, este equipo a Rusia. Esa falta de justicia, quizás, ha hecho justa esta salida apresurada. España ha pagado el error de no usar la prudencia, la serenidad y la mesura para tomar decisiones que afectan  a un proyecto de dos años que, con brillantez, había llegado a su fase final. Los actos tienen sus consecuencias. Rubiales se dio el gusto. A los jugadores y a Hierro un disgusto. Con amigos así…