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Fútbol, sujeto paciente

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El fútbol es la representación deportiva de las grandes pasiones. Esa es la razón por la que este deporte posee un magnetismo que hace irresistible su llamada. Da igual la condición social, el estatus económico, la religión o el lugar de la tierra en el que se haya nacido. Da igual. El fútbol llega a todas partes y transmite esa virtud que lo hace diferente y deseado. Durante noventa minutos puede convertir sueños en realidad y destrozar lo establecido. Puede cambiar los papeles del ser humano y organizar, en cada partido, un carnaval que permita ser príncipe al mendigo o hacer siervo al rey.

Es una forma de ponerse en el lugar del otro, una manera de empatía obligada, si aceptas el juego. Sabes, durante un rato, lo que significa ser el más feliz o, durante un rato, sentirte el más desgraciado de los mortales. Todo es transitorio, pero real. Lo has vivido. Lo has sentido y vuelves otra vez para, en esa ruleta que propone el balón, tener la posibilidad sentir esas sensaciones, las que te toquen en cada partido.

La intención de confundir o el desconocimiento, ha llevado a mucha gente a decir que el fútbol es una forma de alienación. La idea es tan vieja, tan casposa y tan sin base que no merece la pena otra cosa que citarla, para ponerla en evidencia. Los hechos no se discuten, se analizan, pero no se discuten.

La confusión puede venir porque un campo de fútbol es el escenario en el que se representa una versión la vida humana y el fútbol es, la obra original que usamos para realizar adaptaciones, a veces, muy lejanas del texto y del espíritu que anima a ese texto.

La belleza, la zafiedad, la educación, el respeto o la intolerancia no son inherentes al fútbol, son patrimonio exclusivo del ser humano. No culpen al fútbol de las cosas y las personas que pasan por el fútbol para ensuciarlo, para cambiar el texto original y la idea primera que le da sentido. Este es un deporte intrínsecamente bueno. Es un lenguaje universal que, en su diccionario, posee un potencial incalculable de términos que sirven para hacer un mundo más perfecto. Luego están los intereses y el mercado. Lo decadente y miserable que termina por convertir al fútbol en algo alejado de su naturaleza y presa de unos intereses que hacen de este juego un rehén, un sujeto paciente.