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El Madrid, el mercado y el rostro de Florentino

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Eduardo Grenier / Cuba

La procesión va por dentro. Con manos entrecruzadas y mirada rígida hacia el terreno, el presidente del Real Madrid aparenta una calma tan errónea como la zaga de su equipo. Rostro adusto, eso sí, pero una imagen que irradia cautela con una facilidad solo al alcance de quien lleva más de una década tragando tensiones desde palcos presidenciales. Florentino Pérez sabía que las cámaras lo enfocaban, como también era consciente su homólogo Enrique Cerezo, cuyo temperamento tribal lo delata al instante su cara tan enrojecida que asustaba ante la palidez de Cefferin, el único indiferente de la noche.

Pero Florentino es un hombre hastiado de ser el centro de atención. Lo ha sido en buenos y malos momentos. Ahora, mientras los blancos pierden su primera final en 18 años, muchos sacan los látigos de la crítica para achacarle su impericia a la hora de raspar algún “pez gordo” en el mercado de fichajes. Sin embargo, para él esto no representa una novedad.

Sobre el césped, el reflejo de la desesperación es Lopetegui, su gran apuesta de este verano. Urgido de transmitir una idea distinta a un grupo acostumbrado a ganar trofeos bajo otros conceptos, el técnico saborea el preludio de una semana difícil. “El Madrid no juega finales, las gana”, reza un viejo eslogan inscrito desde las entrañas de Chamartín, y a Julen le ha tocado perder la primera de su aventura en el banquillo del Bernabéu.

Más allá de la amargura que denota para un jugador del Madrid ver al enconado rival de ciudad levantar una copa mientras prácticamente roza sus narices, las dudas dejadas sobre el césped generan un ambiente de preocupación adicional que amenaza con remover los cimientos de un proyecto tan incipiente como incierto.

Los flagrantes errores defensivos deben ser cosa pasajera. La incuestionable incapacidad física para aguantar en forma óptima todo el partido también debe solucionarse con la llegada de las próximas semanas y el regreso a la rutina liguera. Incluso, la osadía de implantar un estilo atractivo al más fiel estilo del entrenador, debe traer consigo varias ventajas, incluida la venia de la grada blanca, tan oportuna en tiempos difíciles.

Variantes tácticas le sobran a Lopetegui. La lozanía en zona de ataque es una característica emanada de la asociación entre jugadores de toque fino, regate y elegancia. El técnico, para disipar dudas, probó en pretemporada todo lo que pudo. Sacó a Benzema a las bandas e, incluso, lo situó de mediapunta; llevó a Asensio al rol de “falso nueve” para suplir la ausencia de un delantero top y comprobó con su baremo particular el índice de efectividad de algunos menos habituales como Ceballos, Llorente, Mayoral y compañía.

De modo que lo visto sobre el césped de Tallín contribuye en cierta forma a acentuar el sonido de la alarma en las oficinas del Bernabéu. El delantero centro de raza que muchos esperan tiene que llegar. Lopetegui no lo dice, pero lo desea. Hasta cierto punto, el trabajo realizado hasta el momento con su plantilla ha visto frutos en la enorme cantidad de ocasiones que crea el Madrid a partir de los tres cuartos de cancha. Un hombre capaz de rematar a puerta al menos un mínimo porcentaje de los numerosos centros que llegan al área, seguramente sería una especie de panacea en la pizarra de Julen.

El gran beneficiado de la noche europea en Estonia es, sin dudas, el Atlético del Cholo. Los refuerzos veraniegos han caído como agua de mayo en las filas colchoneras, y la solidez mostrada ante un rival de peso invitan al optimismo. Lemar dejó destellos de calidad que, si Simeone consigue emplear en beneficio del conjunto, darán muchísimo de qué hablar. El Atleti se apunta a la pelea por todo. Ojo.

La conclusión de toda esta historia deberá ser escrita en la famosa cúpula del Bernabéu. Cerezo tiene las labores hechas. Su aspecto rojizo no era más que una forma de expulsar la tensión. Perder una nueva final ante el Real Madrid hubiese sido un empujón hacia detrás y eso provoca nervios. Florentino, por su parte, no engaña a nadie con su rostro apacible. Tampoco lo intenta, supongo. Hoy mismo, sin que nosotros nos enteremos, seguramente estará haciendo de las suyas. Esto recién comienza.