Inicio 1ª División El Real Madrid, el rumor, la sensación y la duda

El Real Madrid, el rumor, la sensación y la duda

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Los equipos de fútbol, el fútbol en general, suelen tomar demasiadas decisiones en caliente. Cesar entrenadores cuando repiten algunos resultados negativos, airear posibles fichajes cuando se produce una derrota dolorosa y lograr con ello llevar la atención a otra parte. En política se llama “legislar en caliente”.

Hasta que termine el mes de agosto conviviremos con informaciones de aproximación, especulaciones, más o menos interesadas, y noticias que tienen más de imaginación que de realidad. Nada nuevo pero que sirve para atender la voracidad de unas aficiones que, a falta de datos contrastados, se van nutriendo con ese sustitutivo que sirve como argumento de tertulia, de contraste de pareceres y de entretenimiento hasta que se eche el cerrojo al mercado, se termine el goteo de posibilidades y la realidad deje las cosas en su sitio.

Viene siendo habitual que el Real Madrid, en las últimas temporadas, se aparte de las operaciones megalíticas, esas que convulsionan el mercado y que, sin que se mueva el balón, parece que dan ventaja.

Desde hace un tiempo el conjunto de Florentino Pérez frenó esa política y circula por otra senda. Las razones últimas no sé si tienen que ver con una operación deportiva, con un cambio de filosofía, o con una necesidad económica que aconseja u obliga al giro en el que vive instalado ahora el Real Madrid. Sea como fuere, lo cierto es que el madridismo no ha parado de celebrar títulos. Hay casi una relación inversamente proporcional entre la consecución de títulos y la inversión realizada en este periodo.

La figura de Zidane ha tenido mucho que ver, no solo por ser el director de una orquesta ganadora y muy afinada en las grandes citas, también por su forma de ser y de entender la materia. Jamás emitió un sonido discordante, ni cuando ganó ni cuando perdió. Nunca demostró ansiedad o duda. Relativizó las derrotas pero también fue comedido en los triunfos. Era el complemento perfecto para un periodo de normalidad y sin gestos a la galería.

Salió Zidane y el banquillo es de Lopetegui. Desconozco el futuro pero, es mi sensación, Julen no va salirse de esa línea. El Real Madrid casi no ha movido un dedo en el mercado. Los análisis desde fuera no han hecho que el conjunto blanco haya aligerado el paso ni haya mostrado señal alguna de inquietud. Se mantiene el discurso de la cohesión y, pese a las palabras de Cristiano, el de la familia. En el Bernabéu todo el mundo es consciente de la dificultad que presenta la nueva temporada pero no se mueve ni una hoja.

La afición madridista, viendo cómo los rivales domésticos y los vecinos de Europa no paran de comprar, se inquietan. Es humano pero de tener un enorme equipo se pasa, por la salida de CR7, a dibujar un cuadro en el que se duda del gol, de la frescura del director de medio campo y de la seriedad de la defensa. Es decir, de casi todo.

Las necesidades del Real Madrid parece que las conocen todos, todos, menos los responsables del Real Madrid que no se alteran. Algo no me cuadra. Si las carencias son tan claras que las ve todo el mundo, ¿Qué pasa en el Madrid? . Lo mismo es que desde dentro se mira de otra forma o se trabaja en otra cosa. Frialdad y discurso repetido.

Lo que está claro es que algo tiene que pasar. El fútbol es una estructura de sensaciones. Parece que el Madrid, por no fichar un crak, resta valor a todas las potencias que ya tiene en su plantilla. No hay ni un dato que lo confirme, pero es una sensación que ha tomado cuerpo en la masa social blanca. Faltan cosas. El Madrid, con un solo partido oficial, vive bajo sospecha. Este deporte, como la bolsa, es capaz de hundir un imperio solo por un rumor, una sensación o una duda. Menos mal que, luego el balón, reparte las cartas y, juez inapelable, resuelve la partida.