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Setién en su laberinto

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 Eduardo Grenier.- Cuba. Quique Setién parece no tener a quien contarle sus ideas sobre fútbol. Ni siquiera a Eder Sarabia, ese escudero incondicional que lo secunda allá a donde va. Entiende el cántabro este juego de una forma demasiado peculiar y, cuando se siente incomprendido, sueltas las ocurrencias del momento en ruedas de prensa. El micrófono y los periodistas sirven de audiencia en un acto que, indudablemente, ahoga en cierta medida su credibilidad ante los aficionados. Le sucedió hace par de fechas en Leganés. En el lugar menos propicio espetó una serie de opiniones desafortunadas y luego pagó cara su osadía sobre la cancha. Tildó a su rival de frágil e inferior, en frases manchadas con un tono despectivo impropio de la institución a la que representa, para luego tragar en seco mientras los presuntos “rivales de abajo” aplastaban a su equipo en el césped. El fútbol suele castigar este tipo de actitudes. Sea como fuere, el Villamarín comienza a llenar el vaso de la desesperación. De Setién molesta su juego, excesivamente artificial, perfeccionista y estético, que de tanta delicadeza peca de ineficaz.

La exquisitez táctica gana partidos, pero la inflexibilidad en variantes puede convertirse en un arma de doble filo. La fidelidad a un estilo de juego puede ofrecer muchas ventajas, sin embargo, no deja de constituir un aviso ineludible para los rivales de los obstáculos que deberán rebasar. Cierto es que la temporada del Betis, hasta el momento, no puede tildarse de negativa. Andan vivos los de Heliópolis en las tres competiciones, con especial énfasis en la Europa League, en la cual podrían avanzar en dependencia de la solidez que sean capaces de conseguir ante conjuntos de mayor estabilidad en el Viejo Continente. En la Liga, el acceso a plazas privilegiadas es una posibilidad real mientras en la Copa, la próxima semana, tendrán una lid importantísima en Mestalla por el pase a la final. Serán dos semanas para dictar el veredicto en torno a Setién. Si sale airoso, la gente del Villamarín volverá a entrar en su bolsillo; de lo contrario, muy probablemente deberá hacer sus bártulos y marcharse con su fútbol de toque a otra parte donde busquen entretenimiento y no victorias. Por desgracia para él, cada día son menos los puritanos en este mundo de negocios. De cualquier manera, Quique Setién está en un punto medio. No puede satanizarse a alguien que ha logrado inculcarle sello propio a un club que andaba a la deriva antes de su llegada. Por otra parte, tampoco ha ganado un crédito vitalicio, puesto que tras su gestión se encuentra otro nombre incluso más importante que el suyo: Lorenzo Serra Ferrer. Con la plantilla ofrecida por la parcela deportiva de los verdiblancos, prescindir de la autocrítica y la exigencia parece un lujo impermisible. Los resultados tendrán la última palabra a partir de ahora. Setién lo sabe. La afición, en su mayoría, está harta de inestabilidad y medias tintas. No quieren un equipo capaz de ganarle al Barcelona en una jornada y luego ser avasallado por el Huesca. La grandeza consiste en ganarse el respeto en cada uno de los campos. El Betis, fiel a su historia, sabrá conseguirla. Ojalá sea de la mano de Setién.