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El At. Porcuna busca el ascenso ante el Estepona

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El fútbol se construye para vivir momentos de gloria. No hay muchas oportunidades de tocar el cielo, sobre todo si se vive en el suelo de los equipos modestos. Sin embargo, de cuando en cuando, ocurren cosas por las que merece la pena esperar.

El At. Porcuna podría tocar ese cielo si este domingo logra imponerse al Estepona. El partido es ideal, se juega en casa y se presenta como un escenario espectacular para que la fiesta sea completa. En teoría es una ocasión que no puede dejarse escapar. Hay muchas voluntades que apuntan en la misma dirección y que están apostando por la culminación idílica de un sueño deportivo.

Ahora Porcuna hierve y vive la excitación de una cita histórica que puede colocar al equipo en Tercera División. Se está viviendo lo lógico. Es normal que, después de una temporada en la que siempre se estuvo en el ámbito de los elegidos, se hagan interminables los últimos metros. 

Todo lo anterior se sitúa en el plano de las emociones y de los deseos, en el espacio en el que los aficionados quieren ponerlo. Sin embargo el plano deportivo es otra cosa. Fernando Campos es el entrenador del At. Porcuna y conoce perfectamente la línea que separa los deseos y la realidad, que se circunscribe al rectángulo de juego.

Campos comprende todo lo que se vive antes de un partido como este pero sabe que esa fiesta, para el equipo, debe ser algo que no existe antes de tener cerrada, matemáticamente, la tarea. No se puede añadir ansiedad a la presión que ya tienen los jugadores para lograr la victoria. Ante situaciones como esta, la calma, la frialdad y la pausa son los mejores caminos.

El entrenador del Porcuna sabe, porque lo ha vivido, cómo se las gasta el fútbol y esa es la razón por la que ha trabajado toda la semana con la idea de normalizar la situación y por alejar a sus jugadores de cualquier cosa, que les pueda distraer de lo más importante: ganar.

Sea como sea, el trabajo está casi hecho y el premio llegará. Fernando Campos ha vuelto a demostrar que sabe cómo se conduce un equipo para lograr el objetivo. Tiene los fundamentos muy claros, le sobran argumentos prácticos y conoce perfectamente el lenguaje que hay que usar para que el futbolista entienda el mensaje.

Lo normal es que pase lo que tiene que pasar, después de un trabajo bien hecho. Los frutos deben recogerse pero no habrá fiesta si los jugadores no se olvidan de la fiesta. Campos lo sabe y lo advierte.