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FC Barcelona: Juego de títulos

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Nora Lynn Gardner.- Dos derrotas que avergonzarían hasta a la Armada Invencible… o La Batalla de Aguasnegras…
El mágico mes de mayo (o abril 2018). Vuelve a nacer la tierra. Las flores brotan, el campo se pone verde fosforito después de meses de frío y lluvia. El sol resplandece de nuevo con una claridad que alegra el alma. Aquí en EEUU se celebra May Day, mis alumnos de Lincoln University se gradúan, y los vecinos empiezan a sacar mesas, sillas y barbacoas no usadas desde meses atrás.  Por la otra orilla del atlántico mis amigos andaluces están de feria o romería y Madrid celebra San Isidro. Cuánta alegría primaveral… menos para los seguidores del Fútbol Club Barcelona.

Ser culé en «mayo»…

Ser culé en mayo parece ya haber cogido una matemática enigmática, trágica y corrompedora; lo podemos definir por sus varios y oximorónicos síntomas:

·      Ser culé en «mayo» significa haber ganado la liga. (Con diferencia).

·      Ser culé en «mayo» suele provocar un tremendo bienestar corporal, espiritual y mental al ver una victoria decisiva en casa en los cuartos o semifinales de la Champions (4-1 vs. Roma en 2018 en los cuartos y 3-0 vs. Liverpool en 2019 en los semis). Incluso se deja manifestar en sueños en que frecuentan copas levantadas y sombras de una vieja gloria (2015, 2011 los años más recién destacados, las heridas más frescas) que se conocen por los nombres Iniesta, Xavi, Puyol y Abidal, y por recuerdos ligeros de goles liderados por viejos amigos, Villa, Neymar, Pedro…

Foto: Getty Images

pero como síntoma definitivo:

·      Ser culé en «mayo» te deja y por lo visto te va a seguir dejando con una sensación parecida a la que sentiste al ver la Red Wedding en Juego de Tronos por la primera vez… una traición y una masacre de tus seres queridos que nunca imaginaste posible, una masacre a la que asistes y presencias sin poder hacer nada para que no se realice…

«Roma (2018) y Liverpool  (2019) send their regards.»

…debía de haberlo dicho así, ser culé en «mayo» es como asistir a la RED WEDDING no sólo una vez, pero inimaginablemente dos veces seguidas:

​No sabes o no quieres admitir que los blaugrana no vivirán a ver la luz de mañana hasta que es demasiado tarde. El árbitro ya ha pitado. Aún no te lo crees. Liverpool volvió a hacer lo que hizo Roma, y esta vez marcando 4 goles, como si los 3 del año pasado eran pocos, para asegurárselo. Estás en shock, o a lo mejor, ¿ya te estás acostumbrando?

Francamente no me interesa en absoluto el debate de cómo o a quién culpar estas repetidas pesadillas. Luis Suárez tiene una idea (una defensa y unas jugadas «de juveniles»), y los FCB «fans» que insultaron a Messi en el aeropuerto de Liverpool (él, ¿inserta tu propia pregunta de incredulidad aquí?) otra. Pero no. Realmente no me sirve ninguna excusa o explicación que proviene desde un punto de vista autóctono a nuestra realidad tal y como la entendemos.

Algo realmente Westerosi (o Felipe II) pasa aquí.

Estoy convencida. Lo que ocurrió el 10 de abril de 2018 en el Stadio Olimpico de Roma y volvió a ocurrir en Anfield el miércoles pasado no es cuestión de este mundo, o al menos no de estos tiempos. ¿Cómo explicar que Stannis pierde Blackwater Bay? ¿O la Armada Invencible se da la vuelta en Gravelines?

Solo hay una explicación: Wildfire, un tormentón, o, en otras palabras, un elemento de caos flipante que desequilibra al gigante. Admito que el FCB post-2011 no compararía con las flotas de Stannis ni de la Armada, pero algo poético hay allí. Lo que sí comparten es que igual que al Barcelona post-Pep y post-Luis-Enrique, esas flotas eventualmente hundidas llegaron al encuentro con la victoria por ganada. Enfrentaron la ocasión sin escrúpulos y sin haber sido contestados por sus rivales previamente. Al final, sin embargo, sus fracasos desviaron por completo con su estrategia superiormente metódica y bélica que hasta tal momento nunca les había fallado (vuelvo a la Boda Roja, Robb Stark nunca había perdido una batalla pero sus tropas cayeron igual). Por razones fuera de su control (o por lo menos no sospechados o entendidos por ellos) los de Valverde, o bien conscientemente o no, abandonaron sus tácticas de siempre.

El tiki-taka hipnotizador del Barça no se percibía ni de lejos. Entre balones largos y carreras inútiles los blaugrana imitaban ineptamente al estilo de los Reds, lo cual sólo provocó un desmoronamiento defensivo y de los centrocampistas. Pero me resulta que me estoy repitiendo… este cuento ya lo sabemos de memoria. Al final el bando mejor equipado y habilitado acaba en el suelo. Y de allí me surge una idea. ¿Podría ser que Valverde tiene algo de Stannis o de Felipe II? Es decir, será incapaz Valverde de ver más allá de sus fichajes, de adaptarse a unas condiciones inestables, o unos rivales innovadores, sobre todo al llegar el mes de mayo? A ver si dura hasta el 2020 y lo comprobamos.

—- Dra. Nora Lynn Gardner es una profesora de filología española en la Universidad de Lincoln en Pennsylvania, EEUU. ngardner@lincoln.edu