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Lopetegui y las segundas oportunidades

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Eduardo Grenier.- Cuba. Julen lo merecía. El fútbol, tan parecido a la vida, le ha regalado una segunda oportunidad. Y no una cualquiera, sino el enorme privilegio que representa ocupar el puesto de entrenador del Sevilla FC. Fue un período difícil el vivido tras aquella infausta tarde de junio y la decisión del señor Luis Rubiales, así como el resto de la cúpula de la Federación, de arrancarle su gran sueño de dirigir un Mundial –polémica incluida-, así como el posterior paso por el banquillo del Bernabéu.

El primer aplauso en este nuevo horizonte para el preparador va para Monchi, ese personaje quijotesco que a base de talento y agallas ha logrado llevar a buen puerto año tras año al barco de Nervión; el mismo que ahora, contra viento y marea, ha defendido su apuesta por Lopetegui a sabiendas del murmullo generado entre los aficionados y la posibilidad de contar con otros candidatos de renombre y menos riesgos.

Sin embargo, Julen Lopetegui encontrará en los campos del Sánchez Pizjuán y en el calor de una de las grandes aficiones del España, ese bálsamo para cicatrizar heridas del pasado. Justo premio a una trayectoria interrumpida abruptamente por el infortunio y ávida de retos tan apasionantes como este. Vivirá a la sombra de la gracia andaluza y con el picante de la rivalidad con el Betis.   

Futbolísticamente hablando, el matrimonio entre técnico y club tiene muy buena pinta. De antemano, cuenta Julen con la seguridad casi manifiesta de encontrar a inicios de pretemporada con una plantilla a la altura de la élite de la Liga, con el talento suficiente para luchar por la clasificación a Champions y un nuevo título a las vitrinas.

Contará el Sevilla, por su parte, con un hombre curtido en todas las situaciones posibles, experimentado en el trato con los jugadores y un conocimiento del fútbol español al alcance de pocos de sus homólogos en el certamen –téngase en cuenta su prolongado período como seleccionador desde categorías inferiores-. Los momentos duros le han permitido robustecer su repertorio y el esquema táctico habitual, basado en la construcción del juego a través de la posesión, seguramente gustará a la exigente hinchada del Pizjuán.

¿Qué no lo hizo bien con el Madrid? Es una verdad como un templo. Pero quedó demostrado, luego de su partida, que ni el mismísimo médico chino habría sido capaz de frenar la sangría merengue durante la temporada anterior, marcada por la displicencia de los jugadores y la encerrona psicológica que les hizo pensar en un año sabático. En la selección, antes de su partida, todo eran vítores y elogios.

Los equipos de Lopetegui juegan bien al fútbol y este no será la excepción. Es justo lo que necesita el Sevilla: establecer un proyecto a largo plazo (al entrenador se le firmó por tres años) con un hombre capaz de impregnarle a la institución una línea propia y cercana a los principios del buen juego y la disciplina táctica.

Otra cosa es el factor emocional. Julen parece un buen hombre, más allá de su indudable calidad como estratega y de haber sido golpeado por la mala fortuna durante meses. Desde su presentación, le ha vuelto la sonrisa al rostro y, muy probablemente, quedará prendado con ese club que dice nunca rendirse. Porque, al fin y al cabo, una vez eres sevillista, lo eres hasta la muerte. Y Lopetegui no será la excepción. El Sevilla de este año tiene muy buena pinta.