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Sebastián Moya Lorca, un legado deportivo, humano y fértil

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El deporte es un puente que lleva a espacios que, solo cuando los conoces, los vives y te envuelven, eres capaz de apreciar en su verdadera magnitud. Ayer el deporte de Jaén, la sociedad de la capital y de la provincia, despidieron a Sebastián Moya Lorca.

Sebastián ha tenido la virtud y la capacidad de establecer cabezas de puente entre muchas generaciones de jóvenes y el deporte. La herramienta que usó fue el balonmano. Es igual. Lo concreto se explica por una pasión, por una inclinación natural, por unas circunstancias. Lo que trasciende es su condición absoluta de mediador entre un mundo escabroso y una bolsa enorme de personas que, cuando lo conocieron, estaban en un momento vital de su formación. Han perdido un referente y una persona entrañable pero tienen la fortuna de llevar en su bolsa de deporte un manual, para el deporte y para la vida, firmado por Sebastián. Un tesoro.

Despedirse es triste. Las personas que te señalan una senda y que, además, te acompañan y la hacen a tu lado dejan huella en tu camino pero, sobre todo, en tu corazón. No es sencillo asumir la pérdida ni para su familia ni para quienes le tuvieron y le sintieron como un faro durante tantos años. Es complicado poner palabras para explicar el dolor que se siente en un momento así. Sin embargo hay cosas, esperanzas en mitad de la tristeza, que saltan a los ojos y vienen del corazón. Hay que aferrarse a esas certezas.

 Hoy el balonmano y el deporte de Jaén cuentan con un trabajador menos, con un caudal de ideas y de trabajo menos. Sin embargo, aquí radica la importancia de su obra de ingeniería humana,  miles de jóvenes quedan comprometidos  con las ideas que impulsó Sebastián Moya. Jóvenes que harán deporte pero que, sobre todo, contarán el mundo que aprendieron de él y tratarán de que su legado siga ahí. Su forma de entender la vida, su lucha, su constancia en la persecución de objetivos y su deseo de un mundo mejor a través del deporte, son la tarea que tienen por delante quienes crecieron con él. No es complicado. Ante cada bajón, en cada duda o ante la tentación de abandonar, aparecerá su ejemplo con respuesta y como palanca.

Sebastián tenía su puente desgastado a fuerza de pasos, de idas y venidas. Trabajo hecho. Misión cumplida. Pero no perdemos un puente, desde ayer, cada joven que se cruzó en el camino de este maestro será un puente, un poste emisor de los principios que él transmitió y que cumplió fielmente, como ejemplo para todos. Sebastián, seguimos…