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Rodrygo se da un festín y el Madrid aplasta al Galatasaray (6-0)

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Un sonriente Antonio Conejero acudía al Bernabéu para celebrar su vigésimo-noveno cumpleaños y festejarlo con una victoria del Real Madrid ante el Galatasaray, imprescindible para el pase del conjunto de Zidane a octavos. Lo que no podía imaginar el entusiasta fan es que, con tan solo diez minutos transcurridos, los blancos ya irían 3-0 y tendrían el partido encarrilado. Qué fácil, debió pensar el joven, si siguen así, igual anotan tantos goles como años cumplo. Pero no fue así, pues sentenciado el choque, el Real Madrid bajó las revoluciones y se dedicó a atacar y a divertirse. Cayeron otros tres tantos, para el definitivo 6-0.

Pero si se ha de apuntar un triunfador ese es Rodrygo -el posmoderno «RodrAIgo»- que convirtió su primer hattrick con la elástica blanca. Si el entusiasmo por Vinicius el pasado año era mayúsculo, el hype por la nueva estrella blanca alcanza la estratosfera: se avecinan noches de gloria en Chamartín. Marcó los dos primeros tantos de su equipo en el minuto tres y seis, pero tuvo que esperar al descuento, cuando medio estadio estaba ya en el metro para evitar el atasco, para anotar el tercero. El júbilo inundó a la parroquia blanca, deseosa de grandes momentos en su competición fetiche.

El tercero fue de Sergio Ramos, el gran capitán. Lo hizo desde los once metros. La técnica del penalti la ha perfeccionado. No hay que olvidar el adoquín -cuando Ciudadanos apenas existía- que el sevillano mandó a la NASA en aquella eliminatoria contra el Bayern de Munich. Actualmente, con la sutileza de una artesano, convierte sus «panenkas» con seguridad y entereza. Fue el tercer tanto y, con todo resuelto, el partido se convirtió en más aburrido.

Ante la falta de juego serio, pasado el cuarto de hora, el espectador tuvo que buscar más distracciones. Uno de estos divertimentos podía consistir en diferenciar a los jugadores del Galatasaray que llevaban teñido el pelo. Lemina, de rubio platino, o Ryan Babel, de rosa, parecían confundirse. Es, por cierto, el cuadro turco un equipo lleno de viejas gloria. El propio Babel, que deslumbró en la Eurocopa del 2008 -cuando Rodrygo aún estaba en la guardería- se zafó como el que más, y fue el único en demostrar orgullo. También estaba Fernando Muslera en la porteria, guardameta de la selección uruguaya desde hace eones; o Florin Andone, un aguerrido futbolista que ha jugado en el Bernabéu con la camiseta del Córdoba o Deportivo de la Coruña, dos equipo que juegan o coquetean con la Segunda División B. Y también fue titular Sofiane Feghouli: cómo olvidar sus partidos con la UD Almería, antes, incluso, de que se construyese el campo de los Juegos del Mediterráneo. Todo viejas glorias: como los Rolling Stone, pero desafinando.

Pero si un jugador fue aplaudido ante los turcos fue Federico Valverde. Además de reconocer el esfuerzo del uruguayo, hacer palmas era la forma más efectiva de luchar contra el frío de la noche madrileña. Tanto es así que llegaban a aplaudirse hasta los saques de banda. Tras el varapalo ante el Betis del pasado sábado, el público se fue a su casa con una cesta de goles, como ocurría, hace una semana, contra el Leganés. Pero los de Zidane no deben confiarse: no ganar en casa ante el todopoderoso PSG y caer en Brujas, si es que estos previamente vencen al Galatasaray, puede suponer la eliminación blanca. Mientras tanto, la goleada sirve como momentánea ilusión para un equipo necesitado de buenos ratos. Y, además, también sirve como regalo para aficionados fieles como Antonio Conejero.

Fotografía: Realmadrid.com