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Vinicius ya sabe que el fútbol tiene más estómago que memoria

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El caso de Vinicius es el mejor ejemplo de la naturaleza insaciable de este deporte. Hace unos meses un Real Madrid sin el asidero de los consagrados, se echó en brazos de una ilusión, de un sueño en blanco y negro. La alineación no era solvente si no estaba “Vini” en ella.

Todo lo que este talentoso brasileño había aportado, hasta ese momento,  era una polémica por ir al Castilla, varios gestos que mezclaban filigrana, electricidad y frescura, en mitad del secarral que era el Real Madrid de la pasada temporada y poco más.

Eso fue suficiente porque la afición necesitaba un ídolo, una imagen que adorar y en la que creer. Criticaron a Lopetegui, empujaron a Solari y presionaron a Zidane. Querían a “Vini” siempre en el campo. De aquello no hace tanto pero da la impresión que ocurrió hace un siglo.

Vinicuis, el deseado, es ahora un lánguido jugador que produce en la grada ternura y rechazo a la vez. Unos ven tierno cómo lo sigue intentando, cómo se emocionó en su reencuentro con el gol y cómo habla y reconoce sus dificultades para responder a lo que se espera de él. No puede ser más sincero. Es duro comprobar el rechazo que produce ahora en otros, comparado con las adhesiones de conveniencia que disfrutó. Chirría verle situado en el último banco de la clase. Ver cómo se duda de su nivel para estar en esta plantilla y la acritud con la que se le juzga cuando, con la tenacidad de un obrero disciplinado, sigue buscado el gol con tanta ansiedad como poco acierto.

Tiene carencias pero, más que sus carencias, le ha perjudicado verse convertido en una estrella «a toda prisa». Víctima ahora de esa velocidad inadecuada y de la ansiedad de una grada voraz,cruza su desierto particular.

Lo de Viniciuis Jr. es tan viejo como comer las uvas verdes o morder con ganas, por su atractivo color, una aceituna. Bocado que, por dado a destiempo, no gusta pero destruye el fruto. 

Vinicius es el mismo. En todo caso, a fuerza de cambiarse en el  vestuario de Modric, Hazard o Benzema, habrá crecido algo. Sin embargo la paciencia se ha terminado. Las aficiones, a veces, son como ese niño que pasada la emoción de la noche de Reyes, ignora y desecha el juguete que tanto le ilusionó. El fútbol tiene más estómago que memoria. Vinicius ya lo sabe y eso le hará mejor.