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El Real Jaén: «Las pastoras sueñan con las estrellas, pero se suelen casar con los pastores»

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La afición fue clave para lograr el objetivo

El fútbol traza sus planes. En un partido se puede llegar a tener todo bajo control. Sistemas, variantes, personalidad del árbitro, estados de ánimo de los rivales, presión que ejerce una grada, resultados que afectan a nuestro resultado, aire a favor o en contra, el sol que deslumbra al portero, cesped alto, cesped bajo. Todos los detalles pueden ser estudiados y condicionados para que nos sean favorables, todos menos el soplo que anima al fútbol en su esencia y lo convierte en el máximo regidor de la suerte en sus dos vertientes, la buena y la mala. Los pronósticos, a veces, son la materia más frágil del fútbol por eso este deporte conmueve y ejerce un magnetismo tan brutal sobre milllones de personas en todo el planeta.

El Real Jaén ha pasado de ronda, sufriendo, apurando el tiempo y con el riesgo de un gol en contra que hubiera derrubando el sueño del ascenso nada más empezar el camino. Desde la semana pasada se viene rumiando la canción angustiosa del «así no». Comprendo las angustias, los vendajes antes de la pedrada y la desesperación, porque todos queremos ver a nuestro equipo ganando, jugando bien y arrasando con la «ametralladora» del gol a los rivales. El fútbol permite esto, lo incentiva y lo soporta pero, al mismo tiempo, decide el cómo y el cuando.

Reconozco que miro el fútbol de otra manera, es mi trabajo. No es que no me efecten los resultados. Me gusta que gane mi equipo pero procuro no olvidar que juegan personas y que el nivel está a la altura de la categoría. Soy optimista porque no sé ser otra cosa. Las Ligas de Ascenso, he vivido algunas y en distintas categorías, son una máquina de triturar y las suelen superar los que, además de recursos futbolísticos, tienen la templanza de aguantar la presión, superar los minutos del terror y sufrir más que un buzo sin oxígeno.

Las aficiones tienen derecho a desesperarse y a pedir la excelencia, pero los que juegan deben ir por otro camino, asegurar resultados a cómo de lugar, salvar los obstáculos tocando la valla si no hay otra forma y mirando el horizonte sin reparar en otra cosa que pasar, porque: «Las pastoras sueñan con las estrellas, pero se suelen casar con los pastores». No conviene pedir la luna si nuestro cielo está más bajo. Ahora, pasar es lo que importa y eso implica sufrimiento, mucho.