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Portillo, Isco y las comparaciones absurdas

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Francisco PortilloQue en España nos llevamos la vida comparando es algo que salta a la vista de cualquier persona que dedique dos minutos de su tiempo a escuchar una tertulia – tenemos grandes expertos en la materia (nótese la ironía) –  ver las noticias o comentar cualquier cosa en el bar de siempre. En el fútbol, lo que nos atañe en este artículo, las comparaciones son verdaderamente odiosas. Esta vez le ha tocado a Portillo, al que ya bautizan como “el nuevo Isco”. Ambos juegan en la mediapunta, ambos son malagueños, ambos malaguistas y, para colmo, ambos se llaman Francisco pero, obviando eso díganme ¿qué necesidad hay en comparar a uno con él otro? Sinceramente ninguna.

«No se pueden hacer comparaciones: Isco es Isco y Portillo es Portillo. No me considero un nuevo líder. Soy un jugador más y todos somos iguales» así reaccionaba el joven canterano malaguista nacido en El Palo en una de las, manidas ya, comparaciones en sala de prensa. Y no le falta razón. Es absurdo cargar de una presión así a un chaval, que al igual que Isco, está empezando en el mundo del fútbol. Un chaval que impresionó en los entrenamientos al mismísimo Ruud Van Nistelrooy, que obtuvo los primeros minutos de protagonismo con Pellegrini y que Bernd Schuster debe saber gestionar para que, sin prisas, saque todo ese fútbol que dicen que tiene en sus piernas. Presionarlo no es buena idea.

Sus compañeros coinciden en que “con confianza” Portillo llegará a ser alguien importante: “Está jugando, es joven, está metiendo goles… es su momento, pero no hay que meterle presión. Él va a destacar muchísimo, pero hay que dejarle jugar y que disfrute. Si Portillo disfruta, disfrutaremos todos» decía su compañero en la banda derecha, Jesús Gámez hace unos días. Acierta.

A Portillo le queda aún todo por hacer, no ha hecho más que arrancar en esto del fútbol. Otros que fueron comparados, no sé en base a que, con otros más grandes o que dejaron huella en el mundo del fútbol o se perdieron por el camino o no llegaron nunca a ser lo que se esperaba de ellos. Robinho nunca llegó a ser Pelé, Piatti no va a ser Leo Messi, Portillo – el salvador de aquella eliminatoria del Madrid contra el Dortmund  – no fue el nuevo Raúl González Blanco.

En Málaga, donde siempre ha salido la comparación mal, son recordados casos tales como: equiparar al mítico Dely Valdés con Chengue Morales, nombrar a Forestieri como el nuevo Messi o la extraña comparación que hizo el mismo Xavi Torres el día que se presentaba como nuevo jugador malaguista con el ex jugador del FC Barcelona, Yaya Toure. “Soy el Yaya Toure blanco” afirmó el ahora jugador del Betis.

Se debe tener cuidado con estas cosas y huir de estas relaciones incoherentes. Sobre todo si tenemos en cuenta que los futbolistas tan jóvenes como Portillo pueden ser muy influenciables por la opinión pública. Ni se les debe subir a los altares – en España la palabra crack en el mundo del fútbol se le atribuye muy rápido a cualquier jugador que marque dos goles seguidos – ni cargarlos con la responsabilidad de suplir a otro que dejó impronta antes.

Os invito, con mi reflexión final, a que penséis en la de jugadores que se han estancado o perdido en el mundo del fútbol a raíz de todo esto. Jugadores llamados a ser top que no lo fueron tal vez  por no saber gestionar su apresurado éxito.  Una perdida para el fútbol.

Francisco Portillo será lo que tenga que ser, solo el tiempo nos aclarará esta premisa surgida visto el rendimiento actual del paleño. Mientras ¿por qué no disfrutamos de su fútbol sin ponerle etiquetas?