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Javier Imbroda: «Luis Aragonés dío con la tecla»

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aragonesJavier Imbroda.- Nos ha pillado de sorpresa su fallecimiento. Como llevó su vida personal, en silencio. Su vida futbolística ha sido otra cosa. Se fue un grande. Una figura clave de nuestro deporte. Uno como entrenador que es, siente que un hombre en esas responsabilidades tan duras, exigentes e incomprendidas, como la de ser entrenador, y estar sometido en un banquillo a todo tipo de presiones, haya sido clave en el devenir del fútbol español. Pero que muy clave.

El fútbol español era el único deporte colectivo que faltaba por dar ese paso histórico de superar unos cuartos de final. Otros deportes colectivos que también andaban con ese lastre, fueron superando ese trance hasta alcanzar títulos Mundiales, Europeos y Olímpicos. Faltaba el fútbol, se estaba haciendo excesivamente de rogar. Cuestión de mentalidad.

Fue Luis Aragonés quien dio con la tecla. Una tecla muy deseada por todos. No solo consiguió lo que tantas generaciones deseaban vivir, ser campeones de Europa en 2008, sino que creó un estilo de juego. Una marca reconocida mundialmente. Una estela que aún perdura, y que ha sido fundamental en los éxitos posteriores de nuestro fútbol, elevándolo al misticismo de las grandes selecciones de todos los tiempos. De esas selecciones que veíamos en estampas dentro de sus álbumes, o en reportajes televisivos con gran admiración, pero que la nuestra andaba lejos de aquellas glorias.

Tuvo que ser un entrenador, un grande, con sus rarezas y con sus grandezas. El inventor de “La Roja”, un hombre cercano a sus jugadores, sabio del fútbol y de todos sus vericuetos. Nada fácil para los medios de comunicación. No era de esos fáciles para la doma. Sus palabras a veces traspasaron los límites de un vestuario y del terreno de juego. No se escondía, y consiguió que toda una generación de excelentes futbolistas españoles, alcanzara la confianza en ellos mismos que se requiere para competir al más alto nivel, y se convirtieran en los mejores del mundo.

Luis Aragonés ya estaba en los libros de historia del deporte, ahora está en los libros de la eternidad. Descanse en paz.