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El silbido del aldeanismo tribal

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pitoManuel Rodríguez Monserrat.- Los antiguos aborígenes canarios, los guanches, practicaban un lenguaje silbado, denominado “silbo canario”, para comunicarse. Aunque este tipo de lenguaje ha estado en peligro de extinción, parece ser, que se ha extendido a otros territorios de la península. En la final de la Copa del Rey, disputada en el Camp Nou, todos los aficionados del deporte rey por excelencia, fuimos testigos de las pitadas que se le hicieron al Himno de España antes del inicio de la “contienda”. En una exteriorización de su carácter más tribal, los aficionados de ambos clubes, decidieron desde sus respectivas localidades, agredir colectivamente el himno español.   Diversos sectores del espectro político, han reaccionado realizando un juicio de valor sobre dichas actuaciones. El debate se ha centrado, entre la libertad de expresión, y la ofensa al himno nacional.

La Copa del Rey o Campeonato de España, es una competición futbolística de carácter anual, entre los mejores clubes de España. Es organizada por la Real Federación Española de Fútbol, y su trofeo, es entregado por el Jefe del Estado español. Los motivos de la aparición de esta competición, lo encontramos en el festejo de la mayoría de edad del rey Alfonso XIII.

Ambos clubes, y sus respectivas aficiones, tuvieron el derecho para elegir no participar en una competición en la que no se sentían representados. Y al mismo tiempo, en otros campos de juegos, hacer uso de su derecho a “expresar y difundir los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción” (art. 21 CE), como podría ser una mesa redonda organizada en una Universidad. Pues lo que sí está claro, es que en la Universidad, por mucho que nos guste el fútbol, no nos ponemos a pegarle “tiritos” al profesor: “zapatero, a tu zapato”.

Desde una perspectiva jurídica, los silbidos pueden tener una serie de consecuencias. La Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, consagra el delito de “Ultrajes a España”, y establece, en el artículo 543, que “las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autonómicas o a  sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigaran con la pena de multa de siete a doce meses”. Por otro lado, también se puede analizar el precepto 510, que establece que “los que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía, serán castigados con la pena de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses”.

En otro orden, la Ley 19/2007 de 11 de julio contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, recoge una serie de conductas que se pretenden evitar, constituyendo infracciones, y siendo sancionadas con inhabilitaciones, clausuras temporales de recintos deportivos y sanciones económicas. Entre las distintas conductas que se recogen en el artículo segundo de la ley, destacan “la entonación de cánticos que inciten a la violencia” o “aquellos que constituyan un acto de manifiesto desprecio” (2.1.c), y la entonación de cánticos, sonidos o consignas que contengan mensajes vejatorios (2.2.d). Incluso, en virtud del art. 2.2.f), es castigada la facilitación de medios materiales que promuevan este tipo de actos, como la realizada por determinadas organizaciones independentistas, que repartieron pitos entre los asistentes (organizadores independentistas repartieron pitos entre los asistentes a la final de la Copa para pitar el himno de España. Cfr. http://www.elmundo.es/deportes/2015/05/29/5568971cca4741c6318b4583.html).

Con estas sanciones, no se conseguirá eliminar el sentimiento de determinados sectores de la sociedad que no se sienten parte de España, y solo provocarán, como bien lo definió Artur Mas, “un efecto bumerán”.  La diferencia entre esta pequeña tribu del fútbol, y los guanches, es que los guanches no tenían el derecho a no formar parte del imperio español. Pero esta tribu, si tenía el derecho y la libertad, a no participar en una competición denominada “Campeonato de España”. A su vez, tenía el deber de no interceder en el normal funcionamiento de una competición deportiva.

En la final de la Copa del Rey, se dieron cita diversas ideologías, para disputar junto al fútbol, la Liga de Políticos Profesionales (LPP), una liga ideológica que comenzó hace mucho tiempo, quizás, junto al silbo canario, y que está invadiendo el mundo del balompié. El ganador de la LPP, conseguirá o bien la independencia, o bien la unidad del territorio nacional. Los jugadores de la LPP, deberían de aprender de los significados que el fútbol tiene  más allá de cualquier clasificación. Y es que el fútbol, no solo constituye un vehículo conductor para promover valores sociales, sino que es un gran ejemplo de organización social pacífica. En el mundo del fútbol, no existen nacionalidades, no existen nacionalismos, quien hoy juega en el Real Madrid, mañana puede jugar en el Liverpool, o en la Roma. No existe un elemento territorial que determine a un jugador el resto de su vida. Sino que éste, según diferentes condiciones, puede elegir diversas posibilidades en su carrera profesional. Los jugadores pueden dejar el club cuando quieran, e intentar jugar en aquel con el que se sientan identificados, ya que no existen fronteras que impidan la libre circulación de futbolistas.

Independientemente de los sentimientos, los jugadores saben que juegan la misma liga, que independientemente de las relaciones de afectividad con el resto de compañeros, son un equipo, y tienen los  mismos objetivos. La política, parece querer obviar otras posibles formas de organización estatal, haciendo olvidar, a través del nacionalismo y del odio, que todas las personas, jugamos la liga de la vida. En los partidos del día a día, nos enfrentamos a rivales de gran nivel, como son el Cáncer o la pobreza. En vez de luchar juntos, como un equipo, en esta competición de la vida, preferimos buscar elementos que nos diferencies, dividiéndonos para hacer frente a los mismos males comunes, en vez de seguir la senda de aquello que nos une, de la filosofía del buen futbol y del gran abrazo de gol. El fútbol se basa en el compañerismo y en el respeto. Entender que el regate de Neymar constituyó una provocación, y que silbar un himno de una nación constituye el ejercicio de libertad de expresión (sin entrar a valorar la sonrisa de Aduriz), demuestran que en el mundo del fútbol hace falta un poco de formación y sobre todo: EDUCACIÓN.

Para cambiar, solo tenemos que empezar por el fútbol, y ante los casos de Corrupción (como los de la FIFA), ante los casos de odio y violencia en el deporte, no son los políticos los que tienen que hacer su guerra en los campos de fútbol, sino son los  aficionados, como forjadores de su propio destino y de la filosofía de club y del fútbol, losque tienen que protestar dejando de aportar su cuota económico-temporal. Siempre y cuando sea lo que queremos, ya que quizás, solo nos importe, el pan y el circo.

Manuel Rodríguez Monserrat . Becario del Departamento de Derecho Internacional Público, Penal y Procesal