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Un “Clásico” habitual

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messiSólo versará de fútbol esta reflexión. Poco se puede añadir al deleznable contexto sumido en incomprensión y lágrimas que nos embriaga a todos en la actualidad. Mañana el universo futbolístico orbitará alrededor de un nuevo Clásico. Nada más y nada menos que los dos últimos campeones de Europa sobre el césped del Bernabéu.

Ni estar en el mes de noviembre ni con toda la Liga por dilucidar, abstiene a los siempre taxativos analistas de diseccionar el envite con los habituales filtros extremistas que son ya parte indisoluble de los Madrid-Barça. Parece ahora que se nos vende un conjunto blanco en descomposición interna y con los propios jugadores pidiéndole un cambio de sistema al entrenador. Inaudito. Todo ello cuando hace tres semanas todos eran loas tras la igualada a cero en el Parque de los Príncipes desdibujando a todo un PSG en Francia. Tampoco basta jugar en casa, donde no pierden en Liga desde el 13 de septiembre de 2014 (1-2 ante el Atlético). Ni recuperar a su BBC y al mejor guardameta del momento, Keylor Navas. Ahora, los 3 puntos de desventaja con los que parten les comprometen hasta la situación de (para algunos) jugarse el título mañana. Causa sonrojo escuchar y leer ciertas cosas a estas alturas de competición.

Por su parte, el Barça, que sí que es cierto que ha subsanado la ausencia de Leo Messi con mejores números que sensaciones generales, arriba al Clásico equiparado a aquel que se hizo con el triplete en junio pasado. Nada, por tanto, debería evitar el triunfo de los de Luis Enrique mañana, habida cuenta de que gozan de los favores en el césped del segundo mejor jugador del planeta, Neymar, proclamado como tal por consenso mediático en las últimas fechas, y que ya han recuperado la solidez defensiva de antaño. Nos encontramos entonces ante un nuevo Clásico ya visto para sentencia entre semana. De locos.

Servidor atisba un duelo igualado, donde el Real tendrá más balón de lo que presagia el entorno. La irrupción de Messi ocurrirá, todo hace indicar, en el segundo acto, donde puede ser definitivo. Persuadir al rosarino de no arriesgar no es necesario. Con el Mundial de clubes en un mes, sabrá sin atisbo de duda cómo se encuentra su rodilla y su condición física. Y luego está Cristiano, arrogante y competitivo en el terreno de juego y consciente de que se habla más de su futuro que de su presente, estará ansioso de protagonismo. Su hambre será incuestionable.

Disfrutemos entonces, que pase lo que pase, quedará un mundo por descifrar. Sentenciemos más adelante, que aunque es tentador en esta cultura de opinión nuestra, esta Liga promete mucho más que un desenlace tan prematuro.