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Lopetegui busca su “primus inter pares”

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El Real Madrid en términos objetivos, es decir goles, ha sufrido una merma considerable con la salida de Ronaldo. La media descomunal que acreditó y la importancia de algunos de esos goles en la consecución de títulos hace que, no contar con Cristiano, suponga un problema para el conjunto madridista.

Un primer análisis y el sentido común lo certifican. La ausencia de Ronaldo es un agujero por el que al Madrid se le van casi cincuenta goles por temporada. Una deuda seria a día de hoy.

A mí, sin embargo, al tratarse del Real Madrid y no de un equipo normal, cuando al decir normal seguimos el concepto de Simeone, creo que debiéramos hacer otro planteamiento. Puede que para los versados en la materia, sea soplar vidrio o ladrar a la luna: humo. Pienso que la salida de Cristiano es mala pero, para un conjunto como el Madrid, no una tragedia.

El Real Madrid, aceptando la dimisión de Cristiano Ronaldo, sigue tiendo un excelente equipo. Sin embargo, la primera reacción, es preguntarse por quién va a ocupar el sitio del portugués. Tanto en la escena general y no futbolística como en la tarea prosáica, pero fundamental, de convertir los esfuerzos, los alardes, y la filigrana en gol. Es decir, quién va a hacer los cincuenta goles. La primera respuesta es la que llevo escuchando hace semanas: imposible. Nadie.

Resulta paradójico escuchar a especialistas, que minimizaron el papel de Cristiano, hasta el punto de asegurar que era un atleta que jugaba al fútbol y que en, un equipo como el Real Madrid, se trataba de una pieza importante pero en declive desde hace años, decir ahora que es trágico  que el Real Madrid haya perdido a Ronaldo. Todo es relativo. A la vista está.

Mi opinión es que, ido o regalado Cristiano, en el Madrid hay tanto talento que los madridistas no deberían urgir al club fichajes de relumbrón. Gastos de otra época.

Cuando un jugador como CR7 sale de un equipo se producen dos cosas. Por una parte el impacto de perder a un futbolista que trasciende a lo deportivo y por otra la pérdida de un referente bajo el que se vivía, mejor o peor, pero al que todos miraban si había problemas y que, además, metía muchos goles.

Pasado ese momento inicial de impacto, de incredulidad y de sorpresa, el río sigue su curso. A partir de ese momento se experimenta en el grupo un sentimiento, paradójico, de liberación. Hasta ayer todo pasaba  por Ronaldo. Ronaldo no era una persona, era un “acontecimiento”.

De buen grado pero, por una jararquía autoimpuesta, todas las cosas pasaban por el portugués. Lo general y lo concreto. Había una obligación no ordenada pero efectiva que, siempre, acababa mimando al líder. Era una ceremonia general que, salvo Ramos algunas veces, todos observaban religiosamente. Fue la cúspide de la pirámide. Él lo presidía todo.

Mi teoría, elemental, muy básica si quieren, es que los talentos no suficientemente explotados en el Real Madrid pueden proyectarse en su verdadera magnitud ahora. El Real Madrid hoy no tiene un “primus inter pares”. Salen todos a jugar sin depender de nadie ni mirar a nadie. Hay una corriente que prima el atrevimiento y el repente. La calidad y el talento. Nadie debe nada a nadie en ese equipo.

Cristiano dio mucho pero, quizás, constriñó también y evitó ejercicios naturales de crecimiento en algunos jugadores. Ni él lo ordenaba ni nadie lo imponía. Lo peor es la autocensura. En un equipo cualquiera esa liberación casi no se nota. En el Madrid, estoy seguro, se notará. Ese cambio no va a ser fácil. Con Ronaldo y ese orden convencional, el Madrid lo ha ganado casi todo.

El técnico quiere, como en la Selección, un conjunto coral donde los solistas pueden, sin complejos, dar sus mejores notas. Hay una plaza vacante para liderar al equipo de cara al gol. Lopetegui busca ese líder