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El Atlético alegra el trámite

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MirandaCasi todo el mundo se esperaba que el partido de esta noche entre el Atlético de Madrid y el Austria de Viena fuese un trámite, lo que casi nadie se imaginaba es que los colchoneros se encargarían de animar este trámite a base de bien, al menos en los primeros 45 minutos. Primero Miranda, luego Raúl García y después Filipe harían los tres primeros goles en el primer acto. Diego Costa tendría que esperar a la segunda parte para conseguir un gol que buscó por activa y por pasiva, llegando incluso a fallar un penalti. Suena raro con este marcador, pero el mejor de los vieneses fue el portero: Lindner. Con esta victoria el Atlético de Madrid se clasifica matemáticamente como primero de grupo para los octavos de final de esta Champions League.

El partido sería para el Austria de Viena una auténtica película de terror. Comenzaba con unos minutos en los que la intensidad y el balón se decantaban del lado austriaco, en los que todo parecía ir bien: nada más lejos de la realidad. Muy pronto empezarían a torcerse las cosas cada vez a peor. Miranda hacía que comenzase la pesadilla visitante al rematar un balón que quedaba muerto en el centro del área tras un córner. Parecía que los protagonistas pudieran reponerse del golpe y a punto estaría Murg de volver a dar vida a las víctimas, pero Courtois aplacó la reacción.

Raúl García sería el que asestase el segundo mazazo, como cuando en las pelis de miedo desaparece uno de los actores secundarios. El navarro enviaba a la red el preciso cetro de Costa y dejaba esa sensación en el espectador con la cual ya solo espera a ver quién es el siguiente en desaparecer. A lo lejos se escuchaba el rugido de una pantera que dejaba entrever una posterior aparición, pero antes de eso los vieneses sufrirían un nuevo golpe. Esta vez era Filipe quien aprovechaba un rechace de Lindner para anotar el tercero y mandar el partido al descanso.

Un breve respiro para los atosigados protagonistas que pasaban del horror del primer tiempo a un segundo acto en el que la espera y la sospecha se harían insoportables. Con un enemigo que parecía más numeroso y los rugidos de la pantera cada vez más cercanos solo Lindner conseguía mantener a raya a los depredadores, incluso cuando desde los once metros Costa intentó saldarse otra víctima. Pero ni Lindnder pudo evitar que finalmente la película no tuviese ni siquiera un atisbo de final feliz. Diego culminaba en asesinato la obra de arte de Oliver, con un balón en rosca que bien podía haber sido la guadaña que cortara la vida al partido.