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La realidad es bien distinta

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Ayer fue un día de sensaciones encontradas. En Nyon tenía lugar el sorteo que depararía los emparejamientos de los octavos de final de la presente edición de la Champions League. El Atlético de Madrid volvía a estar en el bombo junto a los dieciséis supervivientes de la competición, algo que suena hasta raro tras tantos años de sequía en la máxima competición a nivel de clubes. Pero no era ambiente extraño el que se respiraba entre los colchoneros ayer. La afición rojiblanca emanaba una ambición que quedaba reflejada en las redes sociales. Tanto fue así que cuando la mano inocente de Luis Figo sacó la bola del Milan, Twitter se colapsaba de seguidores del Manzanares que pedían que el rival de los italianos fuese su equipo.

Sorprende esta actitud en Italia, donde ven al Atlético como un equipo menor que está de paso por esta Champions, pero no tanto en España donde ven a los de Simeone jugar cada domingo. Dicen los medios italianos que España ha perdido su modestia porque las principales cabeceras hablan de un rival asequible para los colchoneros. La realidad es que el jugador Muntari reflejaba el pensar de todo el ambiente rossonero al afirmar “quiero que nos toque el Atlético porque es el rival más débil”. No sé realmente quién ha olvidado su modestia.

Hubo un tiempo en el que estas palabras se habrían entendido. Los del Cholo vienen precedidos por éxitos pero estos nunca han sido en la máxima competición europea. Pero ahora la situación es bien distinta y parece ser que los italianos no se han enterado. Mientras el AC Milan es decimosegundo en el Calcio el Atlético de Madrid es líder, junto al Barça, de la Liga BBVA. Los de Allegri se han clasificado como segundos de su grupo, en el que han ganado solo dos partidos, mientras que los de la ribera del Manzanares han sido primeros y han superado la primera fase invictos y con cinco victorias en su haber.

Una vez analizado lo deportivo empiezan a sonar las siete Copas de Europa, que no Champions Leagues, que tienen en San Siro. Pues bien, me gustaría recordarle a Muntari que los títulos no los ganan las vitrinas o los nombres: lo hacen los equipos. Que es una realidad bien distinta.