Inicio 1ª División ¿Evolucionar? Parece mentira…

¿Evolucionar? Parece mentira…

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Barça evoluciónOpinión | Luis Costa.- No es ningún letargo improductivo la singladura que lleva hasta ahora el Barcelona de Luis Enrique en pos de una identidad ganadora. La naturaleza férrea, irreductible del técnico asturiano garantiza la profesionalidad y la dedicación de sus jugadores en busca del éxito que un club como el catalán obliga. No por ende, la gloria deportiva les recompensará con títulos, pero la cultura del sacrificio es siempre elemento esencial de aquellos mitos que forman parte de la historia en el imaginario colectivo futbolístico.

Luis Enrique recalca en cuanto tiene la ocasión que su etapa como futbolista blaugrana, ocho fructíferas temporadas, le hacen inmune al tóxico vaivén al que el entorno del club tiene en gracia dispensar al inquilino de turno del banquillo del Camp Nou. Si eso es así, debería saber lo que realmente prima y germina a la larga entre la gent blaugrana: ganar. Bajo un patrón definido, de posesión y ataque eso sí, pero ganar al fin y al cabo. Ser segundo, especialmente superados por su némesis, el Real Madrid, es una úlcera en la historia de la institución que nadie quiere volver a llevar a cuestas.

Barça evolución 3Sus recientes palabras en torno a la continua evolución que su equipo experimenta y seguirá  desarrollando hasta final de temporada insuflan pesadumbre en el socio. Medidas en el actual contexto europeo, donde la solidez de equipos como el propio Real Madrid, Chelsea o Bayern despiertan admiración y temor, tal proceso, lógico a la vez que inestable, no dan a los azulgranas ninguna vitola de favoritos en unos eventuales cruces a doble o a partido único ante tales contrincantes. Alguien con esa aureola, la de conjunto armado, consistente y compacto, no empataría en Getafe tras vencer al PSG en Champions. Consecuencias (graves) del estado evolutivo del Barça del bueno de Luis Enrique.

Barça evolución 4No es nada fácil la situación del preparador asturiano. Desde el primer día entendió que ya no bastaba con las sempiternas armas exhibidas años atrás por el equipo. Había que introducir variantes. Aplaudidas desde esta tribuna como el camino que otros no se atrevieron a tomar, su trabajo requiere un tiempo que el funcionamiento del fútbol actual y, especialmente, el de su club, no otorgan a la ligera. Ya han transcurrido cuatro meses de competición y los resultados deportivos, sin ser malos, no transmiten suficientes argumentos para la esperanza. Con un Real Madrid intratable en la Liga y un cruce de octavos de final de la Champions contra todo un Manchester City, plagado de estrellas, el reloj marcha veloz en contra de los intereses de Luis Enrique. Si tendrá a su equipo listo para tales retos a dos meses vista, es una incógnita que arde con fulgor en el interior de la masa social de la entidad.

Es, sin duda, una tesitura curiosa. A pocos no se les oyó exigir una renovación de la plantilla y un cambio profundo para volver a optar a lo más alto. Cierto es que el amigo Zubizarreta ha vuelto a hacer un trabajo mediocre, pero mimbres hay. Lo que no hay es tiempo y lo que se desea por encima de todo, es volver a ganar. No me gustaría estar en el pellejo del técnico actual del Barça. Está buscando con ahínco y perseverancia una nueva versión para reconducir a la institución a la senda gloriosa de años atrás, pero en el camino, se está olvidando de lo más importante: ganar.