Inicio 1ª División Betis 0-0 Sevilla: Un derbi en las trincheras

Betis 0-0 Sevilla: Un derbi en las trincheras

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Real Betis Balompié y Sevilla Fútbol Club han empatado (0-0) en el derbi sevillano de la décimo sexta jornada de Liga BBVA. Béticos y sevillistas volvieron a reencontrarse en el Benito Villamarín para reeditar un nuevo episodio copado de drama, tensión y enmarañamiento.

EFE Ricky Van Wolfswinkel BetisEn Sevilla el sábado de mediados de diciembre fue primaveral. Seguían germinando las flores, el cielo mantuvo impertérrito su azul y los jóvenes bebían a la orilla del río en mangas de camisa. Y sin embargo, en el Benito Villamarín cayó el invierno a las 20.30h de forma fulminante. Cuando los veintidós futbolistas saltaron al césped la noche era ya oscura. Albergaba horrores.

El bando de Nervión se presentó con su maquinaria pesada a medio engrasar. Contundente, aparatosa e infalible. Enfrente el Betis, tan Betis como siempre. Desgarbado, genial y descabezado. A un lado, rigor gris. Al otro, pasión a borbotones. Durante media hora se produjeron combates sobre el césped, cada cual hizo retumbar su arsenal con afán de empequeñecer al contrario y las incursiones relámpago intentaron siempre cortocircuitar al rival en mitad de la noche y a hurtadillas.

Dani Ceballos, de verdiblanco y con las medias bajas -signo irrefutable de majestuosidad-, personificó el juego de los locales hasta que sus piernas dijeron basta. Presionó hasta el área de Sergio Rico sin descanso y se enfangó ante rivales que podrían ser su padre desde que el balón comenzó a rodar. Pegó y le pegaron e intentó siempre driblar, irredento y contestatario.

Gregor Krychowiak, con su camiseta del Estrella Roja, estuvo siempre enfrente. Con su brazalete de mariscal de campo arengó a los suyos y se entrometió en todos los lances de juego ávidos de coraje y valor. Conocía sus límites pero ante todo sabía de sus bazas. Su equipo, sobrio, acudió al Villamarín como el sevillano al que no le queda más remedio que acudir a Soria a visitar a un cuñado en plena tempestad.

El Betis hiló mil y una jugadas y no disparó a puerta en los noventa minutos. El Sevilla pareció incapaz pero tuvo las dos ocasiones más claras del partido; ambas con Kevin Gameiro y Antonio Adán como protagonistas y salvadas con la pierna por el guardameta.

Ante el aguante de uno y otro flanco, y cumplida una hora de disputa, comenzaron a excavarse dos líneas de trincheras paralelas. Las defensas se parapetaron aprovechando aquí y allá sus fortalezas, las intentonas envalentonadas quedaron atrás y poco a poco fueron congelándose las extremidades de los protagonistas.

A falta de quince minutos para la conclusión, en la otrora calurosa Sevilla, no quedaba ya esperanza en los ojos de sevillistas y béticos. En la grada y en los bares, contemplando el frente desde la barrera, el ímpetu seguía latiendo. Y sin embargo allí abajo, en el césped y en el barro, sólo quedaba el terreno horadado de la batalla del Somme. El invierno llegó al frente, al derbi, y lo hizo para quedarse.

Por Fernando Alcalá-Zamora | En Twitter: @NothingsWritten