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El faro de Dalatangi, un relato del fútbol más puro

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Hace varias semanas, paseando por Madrid, reparé en la portada de un libro. El faro de Dalatangi, de Alex Torres. Lo hojeé durante varios minutos y tengo que admitir que no estaba dispuesto a pagar 20 euros por un libro en el que un buen puñado de postales idílicas islandesas predominaba por encima del propio texto. Finalmente asumí el riesgo y varios días después me veo obligado a trascribir la valoración que hace Jorge Valdano en la propia portada del libro: “Se acerca mucho a la esencia del fútbol”. Pero, ¿cuál es la esencia del fútbol? Alex Torres lo define en las primeras páginas de una forma mágica y casi fantasiosa a día de hoy:

“Ese era precisamente el fútbol que ya decididamente me atraía a mí. El que solo se podía ver en los campos porque las televisiones no se peleaban por sus derechos. El que no generaba largas polémicas en los programas y tertulias durante casi una semana. El que acababa un ratito después de que el árbitro pitara el final. El que te permitía compartir una cerveza con el jugador del equipo local en la taberna del pueblo la misma noche en la que había ganado, empatado o perdido. El que no incendiaba las redes sociales ni foros de internet. El fútbol, supongo, que jugó mi abuelo. Una burbuja en la que el fútbol no vivía en su burbuja”.

Axel Torres y Víctor Cervantes viajan a Islandia, ese país tan olvidado como desconocido, en búsqueda de los orígenes de Eidur Gudjohnsen. Un inocente pretexto que acabaría convirtiéndose en una huida de la rutina, del periodismo frenético de ahora y en una búsqueda de lugares donde “la existencia pareciera más llevadera”.

Allí, entre glaciares y praderas, ambos periodistas construyen un relato de fútbol pero ajeno a la pelota, en el que Heimir Hallgrímsson un dentista de las Islas Vestman se convertiría en el segundo entrenador de la selección de Islandia, aquella que no debía ganar nada en la Eurocopa de 2016, pero que se plantó en cuartos de final.

Olafsvík, Akureyri o Dalatangi, pueblos impronunciables y una cultura que ha tenido que aclimatarse al aislamiento y a las inclemencias. “Los más fuertes de entre los más fuertes”, se definen a sí mismos. Y el fútbol como excusa. Un fútbol sin focos, sin contratos publicitarios, sin más tertulias que las que tienen lugar en cualquier taberna de pueblo. Un gran relato por el que merece la pena apostar.