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La Tercera de Jaén, a balón pasado

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La tercera jornada del Grupo IX de la Tercera División, trajo  puntos para todos menos para el Villacarrillo CF. Los de Rafa Ruano, como dejó explicado nuestro compañero Diego J. González en su crónica del domingo, no fueron capaces de frenar a un Huétor Tájar muy superior. Se trata de la típica escena de principio de temporada. Equipo que asciende y que debe reinventarse por pérdida masiva de jugadores. Será una labor dura y larga pero los de El Veracruz terminarán saliendo a ritmo de trabajo y resultados.

El Real Jaén, después del esperpento de Atarfe, parece que ha encontrado el camino de la efectividad fuera de casa. Los jugadores del equipo jienense viajaron a Melilla conscientes de que el partido podía ser una trampa y un lugar para sumirse en la duda. El ambiente ahora contaba menos, en todos los sentidos. Había delante un equipo cargado de orgullo e incentivado por la llegada del Real Jaén. Fácil desde lejos, complicado en el campo. De libro. Siendo superior, pero sin alardes de favorito, el Real Jaén supo adaptarse a la realidad que el equipo melillense le propuso. Partido, guadianesco y muy trabado, que pudo haber deparado un disgusto a los de Valenciano de no haber sido por ese gol de Montes que cerró el partido con ventaja para los jienenses. Nada nuevo bajo el sol. Casi solos, pero sin distracciones,  los jugadores hicieron su trabajo y volvieron a Jaén con los tres puntos. De eso es de lo que se trata. Menos ruido y más nueces. Trabajo menos vistoso, orden táctico y cara de perro cuando el viento frío viene de cara. Fútbol de supervivencia. Efectividad y ducha reparadora. Sin alardes. Tres puntos y a casa. La historia no contará otra cosa.  Ahora el Real Jaén tendrá que hacer bueno ese triunfo y afianzar su jerarquía. Lo de Melilla ya no cuenta. Volver a empezar.

El Linares no conoce la derrota. Ganó, volvió a ganar y empató en Huétor Vega. El equipo de Aguado lo tuvo en la mano. Esa es la única sombra del partido, salvo las que el técnico vea de puertas para adentro, cuando repase lo sucedido. El Linares salió a no equivocarse, haciendo uso de una manifiesta superioridad y dando a entender el perfecto conocimiento que su entrenador tenía del rival. Los linarenses intentaron sujetar a los locales, frenar el factor sorpresa y condicionar el choque con un gol tempranero. Sin embargo el partido no admitió dueño en la primera parte. Hubo amagos pero nadie hizo la diferencia efectiva.

 La segunda mitad fue otra cosa. Un desatino para ambos conjuntos y un espectáculo vibrante para espectadores locales y visitantes. El Linares salió a dejar claro quién era el equipo con más potencial. No admitió diálogo. El conjunto minero empezó el segundo acto dibujando un panorama desolador para el Huétor Vega. Centro y gol de Braim. Cabezazo de los que se dice “inapelables”. Las cosas en su sitio. El equipo azulillo fue a por el partido y lo hizo con autoridad. Como consecuencia de ello Ortiz, en plenitud de confianza, lanzó desde lejos y colocó el segundo. Partido encarrilado. Los viajeros de Linares pensaban en un tránsito hasta el final de felicidad en la grada. No fue así. Lo peor para el Linares es que todos dieron por cerrado el partido, todos, menos el equipo de casa que salió a por el milagro y lo consiguió. Empate final y sensación en los mineros de que se podía haber hecho mejor. Estos puntos cuentan siempre. Eso es lo peor.

El campo del Mancha Real es un escenario doméstico, humilde pero con sabor a fútbol. Lo agradece el equipo de casa y el visitante también, hasta que empieza el partido. Cuando rueda el balón, desde siempre, el conjunto manchego sale a jugar sus bazas con urgencia y el público a empujar. No es cómodo para cualquier equipo que venga con intención de puntuar. La disposición que el conjunto local tiene y el carácter que sus jugadores aprenden del ambiente, hace que los puntos haya que sudarlos. El conjunto del Rincón no fue un rival que pudiera superar este escenario. Fueron los jugadores del equipo local los que marcaron el ritmo del partido. Los visitantes jamás dieron sensación de poder dañar los intereses del cuadro de Rizos.

Control, jugadas de aproximación y pocos sobresaltos para el Mancha Real. Pese a esa notable superioridad no fue hasta cerca del descanso cuando se logró abrir el paso de la meta rival. Castillo lo hizo y dio paz al descanso. Todo lo controlado y lo trabajo tuvo recompensa. Los visitantes deberían haber propuesto algo nuevo tras salir de vestuarios. Quizás lo tenían pensado pero, otra vez, el Mancha Real tomó los mandos y condujo el partido. No hubo opción para el rival. Tampoco el conjunto de casa anduvo fino en la creación y en la concreción pero jamás sufrió. Todo se cerró muy pronto. A más de veinte minutos para el final, otra vez Castillo, hacía un agujero el en marco del visitante. Poca historia más y tres puntos que dan alas al equipo verde. Puntos y seguir.

Los de Chumilla parecían con ganas de tejer un partido a favor del fútbol y contra el sufrimiento. Estaba en el ambiente. La mala sensación del primer choque en casa tenía que ser borrada cuanto antes. Había que ganar y devolver confianza. Fue, pero no fue sencillo. El Vélez lo iba a pelear.

Pese a que, en la mayor parte del encuentro el conjunto local dominó e impuso su carácter y su fútbol, no fue capaz de rematar la obra hasta muy cerca del final y tras verse sometido a unos lances que podían haber derivado en un empate injusto.

Comenzó el partido y Vicente, con un gol tempranero, pareció ofrecer a sus compañeros la oportunidad para gustarse y gustar a su afición. Durante muchos minutos lo hicieron y borraron al rival del terreno de juego. Javi Quesada, ya en la segunda parte, pudo aliviar la espera cuando, tirando de galones, lanzó una falta que se cantaba como gol hasta que el palo dijo lo contrario. Quesada no daba crédito. Había que seguir remando y mucho. El Vélez no daba por perdido el partido pese a que, durante muchos minutos, solo miraba el balón de lejos. Sin embargo el fútbol no conoce a nadie y, después de haberse visto dominado con claridad, el Vélez mandó callar al estadio y a punto estuvo de hacer las tablas. Juanma lo evitó. Como queriendo renacer tras la bofetada, Carrillo cerró el partido para el Torredonjimeno con un segundo gol que hacía justicia. Manolo Chumilla pudo entrar en su vestuario, con la rabia de lo sufrido innecesariamente, pero con tres puntos.  Misión cumplida en el Matías Prats. 

El Martos fue a Málaga a por una victoria que ya necesitaba. Torremolinos era el rival sobre el que tenían que pasar los de Toni García. Había pocas opciones, o ganar o entrar en depresión. El equipo marteño sabía que no era merecedor del castigo que la competición le estaba dando hasta el momento. Era un encuentro en el que se jugaban mucho como grupo humano y como equipo. Las charlas individuales, las miradas de complicidad, la rabia contenida y la necesidad de creer en lo que se había trabajado durante la semana, llenaban el vestuario del Martos minutos antes de saltar al campo. Gritos, abrazos de fortaleza y caras de tensión. Ya solo quedaba salir y ganar.

Las cosas no iban a ser fáciles y eso da al triunfo de los jugadores marteños más valor. Fueron a por el partido pero el Torremolinos supo cómo frenar ese argumento ilusionado de los de Toni. Orden y control. Los malagueños pararon el partido y luego aprovecharon su oportunidad. Marcaron su gol y se dispusieron a organizar un escenario de control para sorprender. Poco más de media hora de encuentro y mal panorama. Sin embargo Toni García y sus hombres tenían un plan y no se iba a venir abajo por el golpe encajado. El Martos se levantó y salió en busca de lo suyo. Fue a por su revancha y la encontró antes del descanso. Gol de Crespo. Borrón y cuenta nueva. Tras el descanso el Martos, cojurado en vestuarios, desmadejó el partido. No había más tiempo para frivolidades. Había que ganar y los marteños se pudieron a ello. Se acabaron las conversaciones con el balón y con el contrario. En veinte minutos dejaron claro con goles de Vitu y Sutil que habían ido a la Costa del Sol a por tres puntos y no a tomar a buscar más bronceado. Los de casa lo intentaron, se acercaron con un segundo tanto pero el Martos jugó con pericia para evitar sorpresas. Pitido final y un vestuario lleno de sudor y abrazos que cohesiona al equipo y ayuda a Toni García a cimentar la fe en su idea. Grandes.