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Néstor, un corazón guaraní, que echó el ancla en Jaén

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Guarambaré es un antiguo distrito de Paraguay, situado al sur del Departamento Central, a unos treinta kilómetros de la capital, Asunción. Allí, en este lugar donde la población vive en torno a la producción de azúcar, nació Néstor García. Néstor es un personaje muy querido hoy en Jaén.

La suya es una historia de fútbol y de vida que viene a unirse a tantos relatos en los que el balón, la distancia y los afectos acaban concediendo la doble nacionalidad, no la de los papeles, sino la del corazón que se reparte entre el lugar donde uno ha nacido y la tierra en la que ha echado raíces, ha tenido hijos (Néstor y Miriam) y dos nietas. Al final se es, de ese lugar donde se curte la piel fuerte que nos da la vida a fuerza de vivirla. Jaén, su provincia y su gente, forman parte de las cosas que Néstor quiere y con las que vive.

Trabaja, comparte, se alegra y sufre a la par de los jiennenses y valora la capacidad de acoger de nuestra tierra. Llegó, jugó al fútbol y vinculó su historia a esta tierra: ” Recuerdo que me trajo, desde Murcia, Juan de Dios Real. Paramos en la gasolinera que hay entrando por la carretera de Granada y le pregunté que dónde estaba Jaén. Cuando me señaló al castillo, me asusté, parecía un pueblecito. Luego todo salió muy bien, conforme  a lo previsto…entré llorando y aquí sigo todavía. Me siento como en casa. Esta es mi casa ahora. Desde el primer momento me sentí bien recibido, tanto cuando era jugador de fútbol, como cuando abandoné mi profesión y me dediqué a otra cosa. Creo que es recíproco, yo quiero a Jaén y Jaén, pienso, que me quiere a mí”.

Jugador de fútbol, internacional juvenil con Paraguay, campeón sudamericano y capitán de es equipo, fue también internacional absoluto con su país tres veces. Su carrera futbolística en Paraguay fue corta. Había jugado muy poco tiempo en el primer equipo del River Plate de Asunción cuando Boghossian, un intermediario  armenio, especialista en el fútbol paraguayo que también trajo a España a Cayetano Re, lo embarcó con destino a nuestro país.

Néstor solo tenía 17 años, era un niño grande que, a partir de ese momento, iba a crecer y a madurar lejos de las faldas de su madre, muy lejos: “Mi familia era muy extensa, éramos ocho hermanos, tres mujeres y cinco varones. Mi padre salió de Guarambaré para trabajar en Asunción en una fábrica de azúcar, allí todo estaba relacionado con la caña de azúcar. Mis hermanos estudiaron pero yo no fui por ahí. No quería estudiar. Vivíamos en una zona donde estaban los campos de fútbol de los equipos más importantes de la capital: Olimpia, River y Guaraní. Desde muy chico me gustaba el fútbol y empecé en las categorías inferiores de River Plate. Jugué en todas hasta llegar al primer equipo. La verdad es que mi carrera en Paraguay fue corta pero muy intensa. Llegué al primer equipo con edad juvenil y formé parte, además siendo capitán, de la Selección Nacional que ganó el Campeonato Sudamericano. Me dio tiempo a jugar tres partidos oficiales con la selección absoluta y poco después me vine a España”.

Era muy joven y la decisión no fue fácil. Sus padres Rogelia y Feliciano sabían que en España podía haber un futuro para su hijo pero, en realidad, era un niño. Boghossian lo tenía todo preparado y la salida se produjo finalmente. Néstor iniciaba así un viaje que tuvo algunos retornos pero que definitivamente le iba a cambiar la vida. Atrás quedaba el barrio de Asunción con olor fútbol en la calle y la sombra de los estadios emblemáticos del  fútbol paraguayo, espacio ideal para que un crio urdiera sus sueños de gloria.

Un largo viaje que le llevó del sol de su tierra a una Galicia húmeda, fría y, al principio, desconfiada: “Era muy jovencito y, pese a que era alto y muy fuerte, no creían que diera el nivel para el Pontevedra de Primera división. Me hicieron jugar tres o cuatro partidos amistosos antes de firmar el contrato. Jugué contra el Deportivo, el Celta y otros dos equipos más. Convencí y mi primer partido fue contra el Real Madrid, me tocó marcar a Gento. No creo que hubiera prueba más difícil para un debutante. Guardo un buen recuerdo de aquel partido, creo que cumplí”.

Pasó una larga temporada en Pontevedra, casi cuatro años. Allí maduró, aprendió a echar de menos sin deprimirse y todo lo que le haría falta para conocer mejor el fútbol español. Después de Pontevedra recaló en Salamanca junto a dos futbolistas que, más adelante, cruzarían sus caminos con Néstor en Jaén: “De Pontevedra fui a Salamanca en un lote de cuatro jugadores, Aguinaga, Pita, Neme y yo. El Salamanca estaba en Tercera, cuando la tercera era una categoría muy fuerte y, de Tercera subimos el equipo a Primera División. Aguinaga venía del At. Pontevedrés y Neme, Pita y yo del Pontevedra directamente. Luego Aguinaga fue también al Real Jaén y Neme entrenó en Jaén el año del Antequerano. Fue una buena época. Allí estuve tres temporadas y salí para ir al Real Murcia, también en Primera División”.

La carrera de Néstor en España se había consolidado. El trabajo realizado en Pontevedra, los años en Salamanca y las enseñanzas de entrenadores que guiaron su carrera como Rial, Biosca, o García Traid, hicieron de Néstor un futbolista acreditado y que tuvo siempre posibilidades de jugar en equipos de gran tradición en el fútbol español: “La verdad es que, desde que llegué a España, muy joven, no dejé de crecer como futbolista. He tenido a grandes compañeros y he disputado partidos contra los equipos más importantes. Mi virtud fue saber cuales eran mis limitaciones y aprovechar lo mejor posible mis virtudes como jugador de fútbol. Me cuidé y siempre fui profesional. En Murcia, donde fuí tras la etapa en el Helmántico, encontre a dos grandes compatriotas, Júarez y Verza. Júarez fue después al Granada. Aquella etapa la recuerdo también como una etapa importante”.

Néstor, entre sus señas de indetidad, tiene la de ser una persona humilde, amante de las relaciones de amistad y muy fiel a su amigos. Sus compañeros hablan de él como un buen jugador de equipo, tanto en el terreno de juego como en el vestuario: “Está claro que la humildad y el trabajo han sido mis señas de identidad. He sabido ser duro cuando las ciscunstancias lo exigían pero mi fútbol siempre ha sido deportivo y creo que noble. El vestuario es muy importante en cualquier equipo y he procurado ayudar siempre a mis compañeros dentro y fuera del campo”.

Como él mismo ha comentado, llegó a Jaén de la mano de un hombre que hizo la misma operación con decenas de futbolistas. Juan de Dios Real “Juande”, fue a Murcia, negoció y en su vehículo llegó a Jaén con el jugador: “Había jugado dos temporadas en el Real Murcia con Felipe Mesones de entrenador. La primera campaña fue muy buena para mí pero la segunda tuve un problema muscular del que no me recuperé bien y jugué muy poco. Me surgió la posibilidad de jugar en el Real Jaén y no lo dudé. El Real Jaén también era un club de prestigio y con buenos jugadores. La primera temporada estuvimos cerca de subir a Segunda pero no lo logramos. La segunda fue muy buena se alcanzó un ascenso extraordinario que nos llenó de alegría y que colocaba al club en una categoría muy bonita. Aquella plantilla era enorme y el ambiente era buenísimo en el vestuario. Teníamos un objetivo y trabajamos mucho para conseguirlo. Teníamos un gran entrenador, Manolo Ruiz Sosa, y jugadores como Laria, Juan Reina, Monterde, Machado, los hermanos Huertas, Zubitur…había mucha competencia”.

Néstor ha tenido muchos entrenadores y recuerda especialmente a dos que valoraron sus cualiades y sus condiciones de jugador rápido, a pesar de su estatura, y de ideas claras a la hora de ejecutar las órdenes que recibía de ellos: “A lo largo de mi carrera he aprendido de casi todos mis entrenadores, de los que tuve allí en Paraguay y de los que me han dirigido en España. Recuerdo  muy bien, quizás porque estaba recién llegado a España, los consejos de Biosca en el Pontevedra. Yo tenía muy pocos años y sus consejos me ayudaron, estaba verde todavía y él me enseñó cosas fundamentales para un defensor. Conceptos básicos en el salto, en el uso de los brazos como sistema de protección, trabajó mucho conmigo el sentido de la ancipación, el cruce, cosas que yo hacía de manera intuitiva pero que el pulió con sus indicaciones.

Luego tengo un grandísimo recuerdo de Ruiz Sosa. Siempre me trató bien. Quizás le hubiera gustado que fuera más agresivo, más…..”leñero” y mis compañeros  me lo decían, me decían lo que Manolo quería de mi. La categoría era muy fuerte, muy dura y él era muy exigente, conmigo y con todos. Creo que esa fue la razón del éxito y por la que se logró el ascenso”. Aquella alegría no tuvo prolongación porque Néstor dejó al Real Jaén y prácticamente su carrera profesional terminó allí.

Una carrera que empezó de forma prematura, era casi un niño cuando llegó a Pontevedra, terminó prematuramente: “Solo tenía 27 años cuando me retiré. Tenía ofertas de algunos equipos del norte de España para seguir jugando pero, por razones personales, decidí dejar de viajar, de moverme de un lado a otro y de seguir la vida que exige la profesión de futbolista. Lo cierto es que acepté un trabajo y me retiré. Seguí jugando en La Carolina pero ya era otra cosa, no era el fútbol exigente del que venía. Allí estuve tres temporadas y me divertí mucho. Yo estaba muy bien físicamente y disfruté jugando con jovenes y grandes jugadores como Del Moral, Serrano, Lorite o con jugadores de la experiencia de Susi. Después de esa etapa lo dejé pero, como si fuera imposible irme del todo y cuando ya era más jugador de fútbol sala, me llamó Manolo Haro y me pidió que volviera jugar a sus órdenes en el Iliturgi. Allí Haro me colocó de libre y lo pasé bien jugando en esa posición, con todo el campo por delante. Fue una buena experiencia. Después ya si me quité las botas y me puse las zapatillas que todavía llevo. El fútbol es mi vida y no es fácil retirarse de una vez”.

Una carrera corta pero intensa. Cuando Néstor mira atrás ve historias, kilómetros y muchas horas de fútbol que fue tejiendo muy lejos de su familia, de sus padres, de sus siete hermanos y de una tierra que le vio crecer, casi a la vez, como persona y como futbolista. Aquel muchacho espigado, fuerte y que llamó la atención de los técnicos del River de Asunción, tenía fútbol guardado en sus botas y con ese tesoro se echó al mar para cruzarlo y llegar a España con ganas de comerse el mundo y de ganar fortuna. A sus espaldas dejó muchas promesas de gran jugador, dejó el liderazgo de una selección juvenil que tuvo a Néstor como capitán de una excelente generación de futbolistas y a una selección absoluta con la que solo pudo jugar tres veces porque, demasiado pronto hizo sus maletas.

Nunca podrá olvidar su paso con la selección absoluta de Paraguay por el estadio de Maracá. Son vivencias que llenan el alma y los recuerdos de un hombre que soñó con todo lo que sueña un crio que ama la pelota y sus caprichos. Al final el fútbol lo amarró a España, lo dejó en Jaén donde tiene el tesoro del afecto de la gente que lo conoce y que sabe que Néstor es un hombre de corazón enorme al que los jienenses quieren. Él forma parte de esta tierra, le corresponde ese espacio, porque cuando se entrega el cariño que él ha entregado es como fundierse en un abrazo imposible de romper. Lo trajo el fútbol y lo ha retenido el corazón.