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El fútbol empieza a tener una deuda con el Villacarrillo

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Diego J. González.- Hubo quienes ni siquiera podían levantarse del césped y enfilar los vestuarios, con las manos cubriéndose rostros bajo los cuales se deslizaban lágrimas de impotencia. El aplauso de la grada o el ánimo de los rivales en su despedida eran inútiles. Todo era inútil para paliar el dolor de quienes habían caído jugando como si no hubiese un mañana.

Porque de impotencia versó el choque que el Villacarrillo disputó y perdió este domingo pasado ante la UD Almería B. En primer lugar, contra un equipo superior física y técnicamente; en segundo y macabro lugar, contra el colegiado Valero Barrales.

Y es que fue un encuentro de los que tardan en olvidarse, de los que albergan sucesos e historias que darían para rellenar varias y varias páginas. Goles, tensión, polémica. Fútbol.

Que el filial almeriense era un equipazo (el mejor visitante del Grupo) quedó patentado desde el pitido inicial. Los rojiblancos arrancaron como un ciclón, encerrando a los locales en su área hasta que a los 14´de juego Lin, más solo que la una, cabeceó un córner para abrir el marcador. El Villacarrillo, inferior, además había saltado al verde dormido, con fallos garrafales en defensa: ni en septiembre con Ruano.

El marcor tuvo muchas alternativas y se pasó varias veces de la esperanza a la desolación. Los visitantes se fueron pronto en el marcador y todo apuntaba a tarde de sufrimiento por goleada. Sin embargo el equipo de Párraga tiene la lucha como sello de identidad y, frente a la adversidad y la eficacia rival, sacaron fuerza para acortar distancias, Abraham: subidón. 1-2

Poco tardó en llegar el que parecía golpe de gracia. El cuadro almeriense se fue otra vez en el marcador, 1-3. Silencio en la grada. Más frio sobre el frio de la tarde invernal. Otra vez a remar y otra vez la muestra de que el equipo villacarrillense tiene, además del talento que le corresponde, un orgullo a prueba de todo. Trabajo y capacidad de reacción, es igual a ocasiones de gol. Llegó el momento de no fallar y Toni acertó. 2-3. Todo esto había ocurrido solo en medio partido. Esperanza y frotar de ojos como despertando de un sueño o de una pesadilla. Descanso y después un desenlace injusto.

El equipo de Párraga salió convencido: “si se puede”. Buscaron al rival, ahogaron sus salidas e impidieron que los almerienses pudieran pensar. La falta de espacios hizo a los visitantes más imprecisos, menos peligrosos. Se masticaba el gol. Todo apuntaba a un empate que culminara la hazaña y pagara el esfuerzo del Villacarrillo y de su graderio enardecido.

El sonido ambiente y el júbilo contenido crecían alimentados por un equipo que había borrado las diferencias en el juego y quería eliminarlas en el marcador. Sin embargo el colegiado, él sabrá porqué, descabaló el partido e influyó en su desenlace. En una decisión incomprensible, antes de proceder al lanzamiento de una falta, Toni fue expulsado.

El Villacarrillo ya no podía soportar más calamidades en el partido. Decisión que determinaba el hundimiento moral de los celestes. Las piernas podía pero ese golpe terminó con las reservas de ánimo y cerró un partido de enorme sacrificio y prueba del  incombustible compromiso de un grupo que que solo cae ante lo inevitable.

Todos impotentes ante al enésimo capítulo trágico de un Villacarrillo desdichado, ultrajado, que no traduce en puntos su nivel, su trabajo. Sólo quedaba escuchar el aplauso final de la grada y levantarse otra vez.