Inicio 1ª División Aquiles, Cervantes, el Nobel y Messi

Aquiles, Cervantes, el Nobel y Messi

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Messi es feliz en Barcelona. Juega para quienes siempre supieron que, con él , solo se puede perder por accidente. Está tocado por la vara que toca a los elegidos.

Ahora, con la doble corona española en su reciente hoja de servicios, Messi inicia el camino de la verdad. Se va a jugar a Argentina, un lugar al que pertenece por nacimiento y por sentimiento, pero en el que deberá hacer un sobresfuerzo para que le reconozcan, definitivamente, como el capitán de la Argentina/SigloXXI.

Salió muy joven y tiene que ganar el arraigo a golpe de hazaña. Hay mucha épica en eso. Va a una batalla personal. Si gana, ganará con todos. Si pierde, perderá él solo. Lo sabe.

Lionel es un héroe llamado a disfrutar las mayores glorias. Talento, eficacia, capacidad y estética. Lo tiene todo. Sin embargo, como Aquiles, tiene un espacio vulnerable. En la piel de títulos, la Copa del Mundo es el talón que, por lo visto, no llegó a sumergirse en la laguna Estigia del fútbol, para que Messi fuera capaz de todo, invulnerable, invencible.

Lograr el Mundial sería como si Tetis, su madre mítica, lo volviera a sumergir en la laguna y dejará de ser un “mortal” en el universo del fútbol. Entonces ocuparía la cúspide de la pirámide. Ahí, los dioses, se cuentan solo con algunos dedos de la mano. Messi es un convertidor de sueños. Tú lo sueñas y él lo hace. Magia.

Resulta injusto que, a jugadores de esta altura, la historia los espere reclamando una Copa del Mundo en su equipaje, para concederles el visado que acredita a un futbolista como inmortal. Se puede discrepar, es mi caso, pero el fútbol y su memoria son así. Es su código. Difícil cambiar. Injusto.

Si te gusta el fútbol eso deja de tener importancia. Viendo a jugadores como Cruyff o Mágico González caes en la cuenta de que, si disfrutas, lo demás no importa. Me gusta el fútbol y me siento afortunado por haber podido admirar de cerca a genios de la pelota. Unos han ganado el Mundial y otros han ganado, para siempre, mi admiración. Para ellos, seguro, no es lo mismo. Para mí sí.

Hoy quiero rendir homenaje a uno de ellos. Me gusta el fútbol que integra la eficacia, la fantasía y el talento: Messi. Es un lujo ir al campo o ver en televisión como el fúbol se convierte en juegos malabares, en urgencias estéticas que, como los fuegos artificiales, resplandecen un segundo y luego, con los ojos cerrados, los recuerdas durante mucho tiempo.

Sin embargo el fútbol es como la lengua, se habla en muchos idiomas y en todos los idiomas se escriben obras de arte que, por sí mismas, pasan a la historia de la literatura. Comparar, para minimizar, es un error en el que suelen caer los que caminan mirando al suelo. Ellos se lo pierden, porque las estrellas suelen estar en el arriba.

Si me dan a elegir entre Joyce o García Márquez puedo expresar matices o preferencias. No me atrevería a jerarquizar. Si me preguntan por Dostoyevski o Sartre tendría que precisar muchas cosas pero no pondría uno sobre otro. Lope o Cervantes. Lo brillante no es excluyente. Me quedo con la suerte, porque hoy mi reconocimiento es para él, de haber visto cómo Messi hilvana, esconde, crea, fantasea y termina su sinfonía para “cuero y red” con la máxima y mejor expresión, a la que se aspira y permite este deporte: el gol. Luego vendrá el Mundial y veremos si el Nobel. En cualquier caso, para mí, un placer siempre.