Inicio Opinión Antonio Oliver Germán Crespo, a pesar de los pesares, y parando euforias

Germán Crespo, a pesar de los pesares, y parando euforias

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El Real Jaén viaja, velocidad regular, velocísima y sostenida, hacia el liderato en propiedad. Después de que, en un momento crítico de la temporada, el entrenador se viera obligado a poner a prueba su solidez como responsable máximo de lo deportivo, el equipo está anclado en el primer puesto. Alto riesgo pero apuesta ganadora. 

Crespo, sin duda, pasó la prueba de los bulos, la leyenda urbana y las adhesiones ciegas en favor de favores. El vestuario tenía una herencia nociva de la que debió ser advertido. Entró, en cualquier caso, hasta el fondo y limpió los tejidos muertos y las zonas contaminadas. Profilaxis ante una temporada larga. A partir de su golpe de autoridad, el equipo no ha dejado de crecer, como grupo en la caseta y como conjunto en el campo. Desactivó maledicencias y demostró que si estirpas el mal, el cuerpo mejora.

Las voces externas trataron de descomponer, por encima del interés primordial, el equilibrio de un equipo que, cuando interesa, es de todos pero cuando interesa menos, es solo del entrenador y sus resultados. Viejo como el fútbol. Germán Crespo, en el ojo de huracán hooliganianousó la mano de hierro y se jugó el tipo a favor de una idea. Ganó y, poco a poco, ve como la dura crítica se torna en suave análisis. Espero, en cualquier caso, que tenga claro que tan peligrosos son los corderos sin máscara, como los lobos con piel de cordero. Los halagos del servil son tan peligrosos como los derrotes del señor que se siente desautorizado. Es complicado sortear a quien te viene de frente pero, lo difícil, es tener ojos en la espalda para evitar a los traidores. Asignatura que debiera ser obligatoria en el curso de entrenador. Se lo dije muchas veces a mi entrañable amigo Mendoza.

Ahora el Real Jaén va hacia una zona que parece suya pero, cuidado, que todavía no es de nadie. Me consta que los jugadores y el cuerpo técnico, lo tienen claro. Fuera hay una inercia boba que desprecia los “zig-zags” de la pelota. La broma de renovar a la carta, en una cena del equipo. La celebración, casi como título, de la clasificación de play-off y la asunción de que el ascenso parece un hecho, molesta a jugadores y cuerpo técnico. Nadie ha ganado nada. Ellos lo saben. Respetan a los rivales.

El futbolista celebra cada partido, cada triunfo, como una etapa que se quema. Nada más. Los futbolistas, mejor que nadie, saben lo volátil que es el triunfo y lo que cuesta consolidar una posición. Por eso, ahora, jugadores y entrenador tratan de parar celebraciones y batallas ganadas que todavía no se han celebrado.

Afortunadamente el Real Jaén, parece ser, que tiene un jefe con los pies en el suelo y una tropa con la madurez necesaria para saber que, a día de hoy, solo están en el camino de conseguir el objetivo para el que fueron llamados. Las alegrías anticipadas son desprecios al rival y, por lo tanto, razones para que ese rival crezca. Germán Crespo tiene las llaves. Ojalá sepa aislar a los suyos de esa charanga, que si finalmente no ganan , no los reconocerá como suyos por más que hoy les pongan laureles y les lancen flores. El fútbol es maravilloso pero tiene más estómago que memoria. Lo sé porque lo he vivido.