Inicio Opinión Antonio Oliver Aybar o la eficacia de lo sencillo

Aybar o la eficacia de lo sencillo

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Un domingo de enero, volviendo de pasar el fin de semana en Cazorla con mi amigo Alfonso Jiménez. Tuve un pálpito. Era uno de esos viajes en los que haces cosas normales pero que te sirven de catarsis. Vuelves nuevo.

Entramos a Jaén por la vía natural desde ese lado y coincidimos con la procesión de salida del Estadio de La Victoria. En el coche sonaba “Candilejas”. Una buena versión. Vi las caras de la gente y las banderas más que llevadas, “soportadas”. Intuí plomo en el ambiente. Le dije a mi amigo: “El Jaén ha perdido y de mala manera. Pon la radio”. Se confirmó. El Real Jaén había perdido con rotundidad. El Villanovense se había impuesto por tres goles a cero en La Victoria. Volvió a sonar “Candilejas” y mientras Alfonso tarareaba el tango yo pensé: “Hoy se cargan a Aybar” y pasó. Vi la falta de empatía en la gente y cuando la grada pide carne…se la suelen dar. Es lo fácil, aunque sea un error.

El equipo, pese a la derrota, estaba metido en “Liguilla” o muy bien clasificado. Ahora me falta el dato preciso pero, visto todo lo que pasó después, es irrelevante. Cesaron a Aybar en un acto de cobardía institucional, de ceguera deportiva y de ignorancia por parte de una grada que no imaginaba estar abriendo la puerta al desastre que se produjo, semana a semana, después. El miedo de la directiva y la ignorancia de la grada, fueron claves en la sucesión de ruinas que llevaron al equipo al lugar en el que vive ahora.

La afición solo quiere ganar. No son culpables porque son “aficionados”. Lo que cuesta entender es que, quienes debieran usar la razón para analizar aquel estado de cosas tomaran el camino de culpar al entrenador y cubrirse, ante el ataque de la grada. Irresponsabilidad. La grada es anónima y nunca asume derrotas. Solo sabe de victorias.

Unas semanas antes de aquella noche de enero me senté con Aybar para tratar de conocer con detalle al entrenador y saber cómo urdía sus planes futbolísticos. Cómo entendía el fútbol y de dónde le venía su forma de entender este juego. Me recibió en su despacho de “La Victoria» y no tardé en comprender que estaba ante un “un hombre fútbol”. No podía disimular sus orígenes de pueblo, de campo de municipal, de albero, de horas mirando a quienes iban a Arjonilla a entrenar, a jugar…hasta que se puso en ese lugar y fue el jefe del banquillo de su pueblo. La imagen me llevó al despacho de Rafa Benítez en Liverpool. Benítez tenía una especie de cueva moderna llena de libros, ordenadores, papeles, datos…un templo menor, pero un templo. Al final todo es lo mismo. Si Benítez hubiera estado aquella tarde de enero en Jaén, con los mismos resultados, también le hubieran cesado. En Jaén se sabe mucho de fútbol.

La charla con Aybar me llevó a conocer a un entrenador que sabía, antes de cada partido, todo lo que se puede saber del rival y de las circunstancias. Un técnico que usa la palabra para llegar a sitios a los que solo se puede llegar de esa manera. Un hombre que era consciente de las dificultades de entrenar a un histórico, cuya historia presente era muy limitada. Aybar sabía que al Real Jaén le sobraban muchos problemas y le faltaba paciencia para arreglar todo lo que hay que arreglar después de un descenso traumático. Él sabía que, al menor problema, iba a ser la cabeza que ofrecerían a una afición que todavía estaba en Segunda A, cuando el equipo ya trabajaba en otra categoría.

El tiempo ha pasado y Aybar está en Antequera haciendo campañas regulares, jugando liguillas y dejando un nivel de jerarquía ante los mejores rivales del grupo. Mirando su trayectoria solo queda esperar que el equipo termine de culminar en cualquier momento. Los responsables del club malagueño saben que lo que funciona no se toca. Hasta ahora lo han entendido pero nunca se sabe. Un directivo llega al club sin saber de fútbol y en una año sabe más que nadie. Espero que no sea el caso.

Lo cierto es que Aybar siempre está ahí y que su equipo compite siempre. No cambia sus ideas, no modifica sus bases pero logra adaptarse a las necesidades. Síntoma de inteligencia.

Jaén es una tierra que solo reconoce a los que salen, cuando ya no tiene más remedio. A Manzano lo machacaron en casa y ahora todos le ayudaron. Anquela fue cesado poco después de ganar al At. de Madrid. Salió de Jaén para ser lo que es y ahora «el ratón» es de todos…ahora.

Jaén es cainita. Da igual. Creo que Aybar, más tarde o más temprano, o se irá muy lejos o volverá al banquillo que le quitaron el miedo y la ignorancia. El fútbol, como la vida, no se queda con nada de nadie.