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Javi Quesada: «Hay gente que pagaría por vivir lo que yo viví con la camiseta del Linares»

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Si creces rodeado de cordura, de naturalidad y de ejemplos positivos, todo es más fácil. Hoy los campos de fútbol donde juegan niños son un foco de tensiones y de gestos que están muy lejos de la deportividad y de la buena educación.

Javi Quesada, cuando comenzó a jugar al fútbol en Linares, vivió un ambiente en el que primaban el deporte, la diversión y los mejores ejemplos: “Empecé a jugar muy pequeño. Primero en los campeonatos locales de Linares, luego en el Santana y más adelante ya en el Linares. Mi primer entrenador fue Pedro Pérez Montero, que luego sería árbitro de Primera División, y en ese tiempo de categorías base nunca tuve que vivir cosas como las que ahora se ven”.

Javi tuvo la suerte de que sus padres, Joaquín y Antonia, entendieron que aquello era un juego, un deporte en el que los niños encontraban una razón para crecer y ser felices:”Mis padres nunca me presionaron. Había muy buen ambiente y se entendía lo que era. Nos llevaban de un lado para otro, a donde jugábamos, porque eran los padres los que tenían que desplazarnos. Nunca vi nada que no fuera buena armonía. Eso era lo normal entonces”. Quesada, además de jugador de fútbol y ser pieza clave de aquel Linares que salió de Regional y terminó culminando la gesta del ascenso a 2B en Castellón, es un profundo conocedor del fútbol base, quizás por eso valora tanto sus primeros pasos y el buen ambiente que vivió en su tiempo de formación.

Muchos entrenadores, desde que arrancara con Pérez Montero, fueron dando forma a un joven jugador de fútbol que supo superar etapas y conjugar muchas enseñanzas para construir la base de un futbolista,  capaz de desenvolverse con naturalidad y eficacia en la “zona de pensar y actuar”, el centro del campo. Paco Corpas, Ángel Blanco, Pedro Pino, …ayudaron a Javi Quesada a comprender los fundamentos del juego y a sacar provecho de ellos: «Luego llegué a los juveniles del Linares y alternaba el juvenil y el filial. Allí estaba Roberto Romero. Era ya un tiempo complicado en el club. Llegó Delfín Cañas y, bueno, todos conocen la historia. Fue con Nene con el que llegué a entrenar con el primer equipo pero al final salí del club y empecé un camino largo en el que pasé por bastantes equipos. Recreativo de Bailén, con Óscar como entrenador. El Carolinense en Tercera, con Teixidó y Sabiote al final”.

Javi Quesada había iniciado un periodo en el que, sin él saberlo, se estaba preparando para formar parte de una generación que ya pertenece a la historia del fútbol linarense. Salió de la provincia de Jaén y tocó puerto en el Almería B. Jugó en Tercera cuando el primer equipo almeriense tenía en el banquillo al actual entrenador del Arsenal, Unai Emery y en el campo a jugadores de enorme valor futbolístico. Fue otra experiencia para sumar en su maleta de enseñanzas. Cuando dejó de ser sub-23 salió con destino a Granada y allí se enroló en un joven proyecto, el Granada Atlético. Dos temporadas, con play off de ascenso incluido, y allí comenzó el retorno: “Aquel era un equipo que nació por la mala situación del Granada pero, al final, acabó desapareciendo”.

El tiempo de volver a Linares estaba ahí. Linares es una ciudad que siempre ha vivido el fútbol intensamente. Su equipo desapareció y la afición volvió a pasar por el amargo trance de ver cómo, otra vez, parte  de su historia se perdía en la vorágine de gestiones desacertadas y desastres económicos. Sin embargo el  fútbol tiene mucho que ver con esta ciudad y de las cenizas del extinto equipo, empezaron a nacer las esperanzas del actual Linares Deportivo. De boca en boca, en cada bar de la ciudad, en todos los ambientes deportivos y en cada casa se vivían con pasión las gestiones para que Linares volviera a tener su equipo. La categoría era lo de menos: “Hubo mucha incertidumbre. Había rumores de que se intentaba comprar la plaza de un equipo en Tercera. Fue muy intenso. Al final empezamos en Regional. Allí empezó a formarse un grupo, una familia que haría muchas cosas y que al final, con el paso de los años, iba a conseguir  su objetivo. Era algo que tenía que ver con el equipo pero, sobre todo, era algo que teníamos que hacer por Linares. Corpas, Óscar Benito, Fran Carles, nuestro capitán…Simarro fue el primer entrenador y Torres ya estaba con él. Al final Torres se quedaría. Él fue el entrenador de aquella aventura”. El primer presidente de aquella nueva etapa fue Romera, al que iba a sustituir Sáez, Pedro Sáez, que fue el presidente que devolvió a Linares a la Segunda B y culminó los esfuerzos de jugadores y afición.

Javi cuenta esta parte de su vida como algo que le ha dejado una huella profunda. Una marca de enorme  felicidad, no exenta de episodios oscuros que la vida le dejó para siempre: «Conseguir el ascenso a Segunda B fue un reto duro. El equipo escaló desde abajo. Era el mismo bloque desde el principio y eso nos dio mucha fuerza siempre. Además sirvió para que la gente estuviera con nosotros, en las buenas y en las malas».

El Linares de Torres y su grupo de jugadores llegó a Tercera y tras una primera temporada de transición, en la segunda, acabó primero con mucha ventaja pero iba a caer en tercera eliminatoria frente al Socuéllamos. La tercera fue la del retorno: «Es difícil de explicar lo que sentí. Ganar en Castellón y ver que has cumplido tu meta y tu sueño, no se paga con nada. Era estar en el punto que habíamos perseguido desde que el equipo salió de Regional y estábamos casi todos los que habíamos empezado. Hay gente que ha llegado a Primera y ha disfrutado de ese fútbol…yo me siento pagado con haber sido uno de los que logró aquel ascenso, uno de los que hizo ese largo camino de vuelta».

Conseguida la meta el grupo casi se disolvió: «Salí del Linares con la sensación de haber cumplido un sueño y haber cumplido el encargo de toda una ciudad. En cierto modo agradecí salir entonces». Javi habla del golpe más duro que ha recibido el fútbol provincial en mucho tiempo: «Cuando murió Fran me di cuenta que era mejor no estar en el Linares, no tener que enfrentarme a ese vestuario sin él. Salir a un entrenamiento y no verle. Él era un faro para el equipo y para mí, más que un amigo. Fue un desgarro. Perdí a mi capitán y a mi amigo. Es difícil de explicar».

Javi Quesada la primera vez que jugó en Linarejos con otra camiseta: ovación general y cariño
Javi Quesada la primera vez que jugó en Linarejos con otra camiseta: ovación general y cariño

Aquel fue un verano diferente. Quesada no tenía equipo pero estaba decidido a seguir jugando: «Sabía que tenía que buscar equipo pero no me preocupaba. No tenía ni gana ni fuerza. Mi cabeza me pedía otras cosas. Sentía la necesidad de alejarme un poco de todo. El golpe había sido muy duro.»

Sin embargo el fútbol salió a su encuentro para ofrecerle lo que necesitaba en ese momento: «Apareció el Torredonjimeno y la verdad es que allí he vivido tres temporadas muy buenas. Era lo que me hacía falta. Entrenar, huir de las tensiones y disfrutar otra vez del fútbol. En Torredonjimeno tuve todo eso y siempre estaré agradecido, por el tiempo y por el trato».

Con 35 años sigue teniendo cuerda y pese a que su vida, laboralmente, va por otro camino él no renuncia al fútbol y Torres lo ha enrolado en la cruzada de salvación de la categoría, que encabeza desde el banquillo del Torreperogil: «Llevo con Torres toda la vida. Habíamos hablado muchas veces de que tendría que acabar jugando en su equipo. Me daba pereza cambiar otra vez, pero ha llegado el momento y la verdad es que me alegra volver, ahora que va quedando menos, a estar de nuevo con Torres. En Torreperogil he encontrado un ambiente excelente».

Javi Quesada habla con una pasión serena del fútbol y del equipo de su corazón: «Mi equipo es el Linares. He jugado en muchos sitios y me he comprometido al máximo, pero mi corazón es del Linares y eso va a ser así siempre». El fútbol es un espacio complejo y cuando una persona logra transitar por ese camino tanto años y hacerlo rodeado de respeto y de cariño, es porque se han hecho bien las cosas.

Javi Quesada le ha dado mucho al fútbol y ,sin embargo dice que en el fondo, el fútbol no le debe nada: «Mucha gente que pagaría por vivir lo que yo he vivido con la camiseta del Linares. Hay cosas que son para la historia y saber que  yo estuve ahí, no tiene precio».