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3-0 y a por Italia

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TorresVolvió a ganar España. Estamos tan acostumbrados a la victoria que un partido como el de ayer se ha convertido en mera rutina. No hace demasiado, al tercer partido de una fase de liguilla España acudía para jugarse la siguiente ronda, pero de un tiempo a esta parte se trata de puro compromiso. La selección afrontó el partido contra Nigeria con los deberes hechos y, como suele ocurrir en este tipo de partidos, cubre el expediente y poco más. Es otra de las cosas que han cambiado. Antes, España era campeona del mundo en partidos intrascendentes, ahora solo deslumbra cuando es necesario. Nada más, y nada menos.

Así que la selección despachó a Nigeria con un incontestable 0-3 (doblete Alba y gol de Torres), sin adornos ni exquisiteces. A parte queda Iniesta, que es la inspiración y la finura en su más amplia extensión. El manchego convierte cada una de sus acciones en una perfecta clase de elegancia. Conduce, asiste y controla con un talento descomunal que roza la excelencia. Con las perspectiva del tiempo y echando la vista atrás, uno se percata de que, efectivamente, España no podía ganar un gran torneo sin un crack mundial. Pelé alzó a Brasil; Charlton a Inglaterra; Maradona guió a Argentina; Zidane a Francia… e Iniesta lidera a la mejor generación del fútbol español.

Un equipo en el que ayer volvió a aparecer Soldado, que tuvo dos pero no vio el gol. Apostó Del Bosque por el ‘9 clásico’ al principio y al final, pero la entrada de Torres dio otro aire y puso la elección aún más difícil. El delantero español del Chelsea se adelantó a su marca y remató en plancha un centro venido desde la izquierda. Gol de nueve, de carnívoro que merodea su territorio y que huele la sangre. La primera que tocó, la metió. Y jugó también Valdés. Mientras que en otras selecciones habrá futbolistas que no prueben ni el calentamiento, España va tan sobrada que se permite el lujo de que jueguen todos sus jugadores convocados a la cita, incluidos los tres porteros. Debutó Casillas ante Uruguay y la fiesta de Tahití -como no podía ser de otra manera- fue para Reina, concejal de festejos oficial de la selección. Así que ayer tocaba el turno para Valdés, el portero del campeón de liga.

Total, que tras dejar en la cuneta a Nigeria -a quienes nunca habíamos ganado y cuyo recuerdo más inmediato nos llevaba al fracaso de Francia 98- en semifinales espera la Italia de Prandelli, una azzurra cuyo amor hacia el fútbol de La Roja hace tambalear el viejo credo de un Catenaccio que antaño alzó cuatro mundiales.