Inicio José M. Ríos Gascoigne: el último bad boy

Gascoigne: el último bad boy

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GASCOIGNEJosé  Manuel Ríos Corbacho.
Profesor Titular de Derecho penal de la Universidad de Cádiz.
Director del Forum de Derecho, Ética y Deporte

Digno sucesor de Bobby Charlton, Best y Keegan en lo deportivo, Paul Gascoigne fue, como dice Jean Philippe Bouchard, “un tío too much” (Los bad boys del fútbol, Madrid, 2007).

Paul John Gascoigne nacido en Gateshead el 27 de mayo de 1967 fue uno de los mejores centrocampistas del Reino Unido de todos los tiempos.

Despuntó como futbolista en el Newcastle United, de donde pasó a otros clubes como Tottenham Hostpur, SS Lazio o Glasgow Rangers siendo  internacional por Inglaterra en 57 ocasiones. Pero al margen de lo deportivo, el medio británico sobresalió por su carácter díscolo e irreverente, no pudiendo desarrollar todo su potencial como futbolista por las lesiones y su mala conducta fuera de los terrenos de juego. Durante su trayectoria ha tenido frecuentes problemas con el alcohol y las drogas, que se han agudizado tras su retirada del fútbol profesional, siendo detenido en varias ocasiones.

Su gran habilidad era jugar en el campo de la misma forma que había aprendido hacerlo en las calles de su pueblo natal. Pero siempre fue conflictivo. En el césped era provocador y fuera de él resultaba desmesurado con la bebida. Así, cuando hace unas semanas se despertó en un hospital de Tucson (Arizona, Estados Unidos) y se vio amarrado a la cama, y con tres de los médicos pensando que no sobreviviría al tratamiento de desintoxicación, seguro que pensó: “Cómo he terminado aquí. En el infierno”.

No obstante, es afortunado, porque, pese a los desmanes realizados, sus finanzas, muy dañadas, sobrevive gracias al apoyo del mundo del fútbol. Algo que no todos pueden decir. Tres de cada cinco futbolistas ingleses están en la bancarrota un lustro después de haber finalizado su carrera profesional. Estos datos, que otras fuentes rebajan al 20% o 30%, proceden de un estudio de Xpro, una asociación benéfica para futbolistas profesionales ingleses e irlandeses. El informe analiza a ex jugadores que han militado en la Premier y que, a pesar de cobrar durante años una media de 30.000 libras semanales (35.100 euros), sufren problemas económicos, fundamentalmente por los enormes gastos y las inversiones equívocas (GARCÍA VEGA, “Los genios del balón también quiebran”, Diario el País, 23 de abril de 2013).

La excentricidad del centrocampista inglés le llevo a desarrollar actuaciones más circenses de lo habitual en un jugador de fútbol, pues, entre otras anécdotas, cabe citar  aquella en la que una hora después de un partido con Inglaterra se le vio en un pub con sus amigos, vestido con el uniforme completo de la selección; otra extravagancia fue en una concentración con el Glasgow Rangers, donde orinó encima a su compañero de habitación, Richard Gough, porque roncaba mucho y no le dejaba dormir. Igualmente, en su época italiana respondió a una pregunta de un periodista con un erupto, o cuando le expulsaron en un partido ante el Genoa y antes de salir del campo fue a darle la mano, uno por uno, a todos los jugadores del equipo rival. De vuelta a Inglaterra, Como jugador del Middlesbrough, entró una vez en un bar a desayunar en “paños menores”.

De todo lo expuesto, se presupone que “Gazza” como se le llamaba, fue una persona de “excesos”, tanto en su talento, como en su apetito, peso, tasa de alcoholemia, irascibilidad, pasión  por el fútbol, el odio a la derrota, los contratos, los lazos con la ciudad que le vio nacer, etc,.

Sus inicios fueron en el Newcastle, donde después de ganar un concurso de penaltis a los diez años, inició su carrera en la que llegaría a ser un afamado futbolista profesional; a partir de ahí, se convirtió en un personaje turbulento y no hubo profesor ni entrenador que fuera capaz de gobernarlo. Las condiciones de los inicios de Paul tampoco fueron las más idóneas. Su padre no tenía trabajo pero siempre hacía un esfuerzo para que no faltaran unas botas de fútbol con el ánimo de que su hijo diera patadas al balón. Es cierto que los 60 y 70 no fueron los años más halagüeños de la sociedad inglesa en lo que al aspecto laboral se refiere. Sin embargo, el interés de su progenitor para que su hijo fuera algo en el universo futbolístico le hizo recorrer todos los cursos de elección de los clubes de la región para jóvenes talentos. De esta forma, transitó por Ipswich, Middlesbrough y Southampton. Aunque fue en 1983 donde se produjo el fichaje por la “hurracas”, donde firmaría el primer contrato de aprendizaje a los 16 años. Varios de los máximos estandartes del fútbol británico han referido sus excelencias y virtuosismos con el esférico. Chris Waddle, ex de aquel Olympique de Marsella  y que llegará a ser campeón de la “orejona”, dijo que verle trotar era como una broma pero que cuando lo observó con el balón en los pies supo cuales eran los méritos por los que le habían fichado. En el mismo sentido, se pronunció el mítico Kevin Keegan que empezó aludiendole de manera despectiva como “Red Legs”, esto es, “Piernas Rojas”. Pero, pese a su inabarcable talento, Gazza pensaba más en las chocolatinas, en los pasteles de crema y en el alcohol que en el propio fútbol, encontrándose más cerca del modelo Georgy Best que en el del maestro Keegan. Se convirtió en el mejor jugador del Newcastle, disputando 107 partidos en los que anotó 25 goles antes de que en 1988 fuera traspasado a los Spurs de Londres (ya sabe el lector, el equipo de Bale, tan de moda por los cien millones de nada que le pide su presidente Levy a Florentino Pérez), por dos millones de libras esterlinas de la época que era una auténtica barbaridad para el fichaje de un jugador que tenía tan sólo 21 años (imagínense hoy día con Isco e Iarramendi por 30 millones de euros cada uno, o Neymar, 57 que se sepa, ahí es nada…).

Pero el futbolista inglés también fue capaz de conmover al aficionado de su país cuando en el mundial de Italia 90, en las semifinales contra Alemania, comenzó a llorar en el momento en el que le enseñaron una tarjeta amarilla que, en caso de haber llegado a la final, le hubiera impedido jugarla. En mayo de 1991, en una final  de la Cup contra el Nottingham Forest, tuvo un choque con un contrario que le costó una lesión en su rótula. En su periodo de barbecho futbolístico, y en plena recuperación, se vio envuelto en varias trifulcas e incidentes donde se volvió a lesionar generando un enfado generalizado de sus seguidores ya que su rótula volvió a ceder por segunda vez y se quedó la temporada en blanco. Pese a la duda del Lazio en su contratación, fundamentada, en el gusto por el alcohol y la violencia del mediocampista inglés, ficho por el equipo romano a razón de nueve millones de euros. La experiencia no fue muy agradable porque tan sólo jugó 47 partidos en tres años, marcando la exigua cifra de 6 goles en el trienio. Sólo disfrutaba generando incidentes ante las cámaras o bajándose el pantalón delante de los fotógrafos. Uno de los percances deportivos más graves del momento fue cuando el 7 de abril de 1994 le partió la nariz a uno de sus compañeros, el hoy afamado central, Alessandro Nesta. Entre otra de sus locuras, ya en el Glasgow Rangers, aplicaba en los entrenamientos lo que se conocía como el “sillón del dentista” en el que un jugador se sienta con la cabeza echada hacía atrás mientras otro le vacía una botella de algún “líquido elemento” en el gaznate.

Justo antes del mundial 98, volvió a generar otro escándalo. Esta vez frente al seleccionador inglés de aquella época, el no menos mítico Glen Hoodle, al que le confesó que fumaba un paquete de tabaco diario, tomando cerveza y comidas con grasa diariamente. Con todo este turbio asunto se creó el caso “Gazzagate”, a raíz del cual la revista “Focus” presentó una encuesta donde se le mostraba como una de las personas menos inteligentes del país. A partir de ahí, experiencias en EE.UU y China, llegó a cambiarse de nombre, nombrándose como G8, y posteriormente más episodios de alcoholismo, y maltrato de género, entre otras lindezas.

La última trastada del de Newcastle ha sido estos días. De nuevo víctima del alcohol y de su violencia, compañeros de camino en su tortuosa vida, fue detenido en Stevenage (Reino Unido) por agredir a un guarda de seguridad, altercado en el que también resultó dañada su ex mujer. La resolución del entuerto fue que quedó en libertad sin cargos, por lo que no parece que haya habido una situación de delito de lesiones, de falta o incluso de maltrato de obra sin lesión.

Pero el alcoholismo de un sujeto es muy importante a la hora de imputar un delito a éste. La ingesta de alcohol puede ser determinada como una eximente en el tipo delictivo, o sea, se trata de un supuesto de hecho taxativamente fijado en el art. 20 CP y cuya concurrencia establece la exclusión de toda responsabilidad criminal por tratarse de una situación que descarta la culpabilidad del agresor. De esta manera puede verse en el número 2 del precepto indicado en el que exime al agresor cuando al tiempo de cometer la infracción criminal se halle en  un estado de intoxicación “plena” por el consumo de bebidas alcohólicas (puede ser también por drogas, sustancias psicotrópicas o estupefacientes u otras que produzcan efectos análogos), siempre que sea una situación no buscada para cometer el ilícito.  Pero en el art. 21 CP parece no como eximente sino como atenuante, esto es, cuando no tenga totalmente perdida la noción de lo que está haciendo, siempre que, como expone el nº 2 del precepto, el culpable actúe a causa de su grave adicción a las sustancias mencionadas en el número 2º del art. 20 CP.

En referencia a la solución jurídica en el primer supuesto quedaría totalmente liberado de cualquier responsabilidad penal. En el caso de que se diera la circunstancia atenuante habría que aludir al art. 66 CP y la pena por el delito cometido, al realizarse bajo los efectos del alcohol, se pondría en su mitad inferior (art. 66.1 CP).

Gazza es un mito, un jugador único, capaz de lo mejor y de lo peor, más cerca del “Proyecto hombre” que de “Proyecto fútbol”, “carne de cañón”, pero está marcado por el ambiente en que se crió y, desde luego, no es el único. En Inglaterra, Best, uno de los más grandes, terminó igual del mal por su adicción al alcohol, a las mujeres etc., vicios inconfesables que en este tipo de jugadores se conocían a bombo y platillo; En Brasil, el fabuloso Garrincha, regateador único, murió en la más absoluta indignidad y tantos y tantos otros que por la falta de formación murieron en la más pura indigencia vital y económica.

Esto debe ser un ejemplo para que el mundo del fútbol despierte y forme más a sus actores, que no se encuentren plagados de oropeles, dinero, fama y apuesten por la formación. ¡¡Viva la academia y el fútbol!!