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Hábiles del despropósito

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barçaEl máximo goleador en la historia de la selección española ya viste de rojiblanco y no de azulgrana. Tal y como el entorno del club presumía y sus dirigentes deseaban, David Villa ya no está en la nómina de Tito Vilanova para la próxima campaña. ¿Y por qué lo deseaban? Sencilla y llanamente porque un sueldo estipulado en su última temporada de contrato de 11 millones de euros era inaceptable para un futbolista secundario. A día de hoy me sigue costando escribir y aceptar según qué cosas sobre el asturiano. Sin contar a Messi, que nunca en su trayectoria en el club jugó como ariete más adelantado hasta que Guardiola introdujo esta variante, Vilanova, sus ayudantes y la secretaría técnica tildan de prescindible el único 9 puro que tiene el equipo, sempiterno aspirante a todos los títulos año tras año. Un 9 que ha demostrado que puede jugar también de 11 y de lo que le pidan. Pues señores, Villa es mayor (31 años, ver para creer…) y ya no es el mismo tras su grave lesión (apenas jugó continuadamente el curso anterior), por lo tanto, hay que venderlo…o regalarlo, como así ha ocurrido finalmente.

Con la llegada de Neymar, la irrupción de Tello y la ciega e institucional confianza en Alexis, más Leo y Pedro, sabida era la competencia que el de Tuilla iba a tener en el año pre-Mundial que se avecina. Ahí que el 7 de España no pusiera reparos a su salida. Lo que deja estupefactos a los aficionados culés es, no sólo el irrisorio montante económico de la operación (5 millones en 3 años de contrato a cumplir obligatoriamente), sino cómo, una vez más, la secretaría técnica encabezada por Andoni Zubizarreta ha manejado y ejecutado tan pésimamente un proceso meridianamente claro desde principios de año.

Y es que desde febrero  era vox populi que con el inminente fichaje del brasileiro Neymar, Tito no querría a Villa en plantilla. Por tanto, Zubizarreta ha tenido seis meses para sacar el mayor provecho económico a la operación. Hasta el club llegaron ofertas de 10 y 12 millones de euros de Tottenham y Fiorentina (estos últimos se han hecho con Mario Gómez por 20 millones), desestimadas a la espera de que el Guaje se revalorizara en la Copa Confederaciones. Pero es que ¿acaso un campeón del Mundo, máximo goleador del mismo, y doble campeón de Europa, está obligado a revalorizarse para demostrar la clase de jugador que es? Causa directa del precio final por el que se ha regalado a Villa ha sido la escasa estima deportiva que desde la institución se le ha brindado al asturiano. Este hecho no ha pasado inadvertido en el panorama balompédico europeo, cuyos clubes han sabido jugar con la desesperación azulgrana por desprenderse del futbolista. Zubizarreta y su equipo no han sabido manejar la excelente consideración deportiva que el Guaje posee y se ha granjeado en Europa a base de goles para venderlo por una cantidad mucho más acorde a su calidad y palmarés.

Todo ello hace me hace definir la gestión de la operación por parte de los profesionales del club como nefasta e impropia de una institución de élite. Unido al caso Thiago, si cabe un error más sangrante y mayúsculo, pues de marcha al actual campeón de Europa, rival directo del Barça, ni la ilusionante llegada de Neymar deja en buen lugar a Zubizarreta y los suyos. Haciendo balance de sus tres temporadas como director deportivo, quien otrora fuera ejemplo de los terrenos de juego como guardameta, está naufragando en los despachos, y lo que es peor, perjudicando en cada acción los intereses presentes y futuros de la entidad que le paga.