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España 2014, perder es lo normal

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OPINIÓN. Modificar el microclima de un combinado nacional que ha completado uno de los mayores ciclos ganadores de la Historia del fútbol es una tarea que requiere habilidad cirujana. En ocasiones ni eso es suficiente. Mandan los jugadores en retirada, mandan los jóvenes que llaman a la puerta, mandan las selecciones enemigas, quieren mandar los medios de comunicación y, en el epicentro de esa vorágine destartalada, ha de mandar un cuerpo técnico.

En la Selección Española actual el entrenador, además de mandar por encima de los demás, tiene la obligación de triunfar. Ha de hacerlo a pesar de que la lógica en el fútbol, una que pocas veces es aceptada por el aficionado, indica que lo normal es perder.

El Real Madrid es el equipo más exitoso de la máxima competición continental europea habiendo alcanzado el cielo en diez ocasiones. Es el mismo equipo que ha sido eliminado en treinta y cinco ediciones de esa misma competición. Brasil es el combinado nacional con más campeonatos del mundo hasta la fecha, cinco. Los de la camiseta verde-amarela han fallado en su intento de alzar el trofeo en quince participaciones.

España, que desde 2008 lo ganó todo hasta 2012 (EurocopaMundial-Eurocopa), parece obligada de nuevo a triunfar tras su fracaso –o vuelta a la normalidad en el fútbol, podríamos decir- de Brasil’14. La tabla de salvación para la selección española radica en el excepcional relevo generacional que comenzó a explotar hace dos años. Sin la nueva hornada de refuerzos que parece poder suplir a la generación campeona el panorama habría sido desolador y, muy probablemente, autodestructivo.

Pero aparecieron los Isco, Koke, Nolito, Jesé, Alcácer, Bernat, De Gea o Carvajal. De nuevo una hornada de la misma quinta que explota al máximo nivel de manera simultánea y que adquiere el protagonismo necesario en sus clubes. La ilusión que generan bien podría hacer soñar con que ellos serán capaces de volver a romper las cadenas de la Historia como hicieron sus predecesores en aquella magnífica semifinal ante Rusia en la Eurocopa’08. No obstante, cargar ese peso sobre sus espaldas sería un tremendo error.

Las puertas de la selección deben abrirse de par en par para los nuevos talentos, no para patear sin miramientos a los ahora veteranos sino para aprender de su exitosa experiencia antes de que sea tarde. Desde ese momento, la transición ha de ser progresiva y pausada, no radical y acelerada.

Si la renovación se efectúa sin caer en los histerismos que rodean al mundo del fútbol las posibilidades de victoria aumentarán. Sin embargo, y no debe olvidarse, fracasar seguirá siendo tan probable como lo ha sido siempre.